13 de julio de 2020, 0:47:31
Opinión


Compostela: peregrinaciones, Picasso, Dalí, Lennon, Lorca, Buñuel...

Antonio D. Olano


Las Campanas de Compostela ya anuncian el Año Santo. Que recobró su antiguo esplendor merced a Juan XXIII al que no se recuerda dedicándole una calle, una plaza. Parece ser que a los españoles nos cuesta trabajo pronunciar una sola palabra: gracias.

Por todos los caminos se llega a Compostela. Ya no es el Camino que se inicia en Roncesvalles el único a recorrer por los peregrinos anárquicamente uniformados. Pocos se ajustan a la vestimenta clásica, a la capa parda, la venera junto al pecho, el cayado y el bordón.. Mandan las mochilas y un calzado cómodo. La distancia no se mide en kilómetros sino en calzado deportivo gastado.

Utilizando diversos medios de transporte, mayormente la fuerza de los pies, millares de peregrinos viajan hasta alcanzar la Puerta Santa. Muchos famosos que, salvo excepciones, no buscan la publicidad. Si acaso la encuentran por su delatora popularidad.

No solamente peregrinó hasta el Pórtico de la gloria Federico García Lorca, sino que dejó huella escrita en sus poemas gallegos y escritos en gallego. Pablo Picasso y su familia no tuvieron que recorrer un largo tramo sin que desde La Coruña se desplazaron a postrarse ante la tumba de Apóstol. Entre otros viajeros populares Santiago tuvo como huéspedes a Hemingway que se hospedó en un romántico “Hotel Suizo”, al lado de la fuente de San Antonio.

Luis Buñuel concluyó su “Vía Láctea”, auto sacramental por lo hereje, en la ciudad gallega. En la apoteosis fin de rodaje estuvieron a su lado sus amigos de siempre y para siempre: el pontevedrés José Luis Barros, el coruñés Fernando Rey, el francés Michel Picoli…

Pintó un fantástico retrato del Apóstol Salvador Dalí que, años después, organizó una espectacular peregrinación a Compostela. Me hizo el honor de nombrarme “enlace” entre él y otro peregrino ilustre: Jhon Lennon. Ambos se pondrían al frente de una peregrinación de “hippies” de primera calidad. Dalí decía que sus cosas, como las de palacio, van despacio. A los dos genios los alcanzó la muerte.

Dalí quería abrazar la imagen del Apostol. Y así lo manifestaba:

“Si bien puse en órbita a Santiago, jamás me moví del centro de lanzamiento para peregrinar hasta él. Lo voy a hacer bien cuando me ponga al frente de un centenar de hippies convertidos a la religión católica, apostólica y romana.”

Peregrinos posteriores fueron Lucia Bosé, Ortega Cano, Carlos Herrera. Un colega mío, José Manuel Landeira, peregrina anualmente por todos los caminos de Santiago. Lástima que sus experiencias no le dejen tiempo para filmar o escribir sus ideas. Se conforma con la voluntad de hacer lo que de antemano sabe que no hará, no escribirá, no filmará nunca.

En realidad es mejor la espera. Lo que nunca se realiza es imposible que le raiga frustraciones a los que, muy a la gallega, lo justifican todo con un “deixa que xá”. (Deja que ya.). Nunca nos puede dejar sabor amargo lo que no hemos ni acercado a nuestra boca.

El camino de Santiago, traspasar la Puerta Santa, dejar que el Botafumeiro nos envuelva y nos perfume con balsámico olor a incienso , y después vivir la noche y el amanecer compostelanos, “no te es cosa de coña”, que dicen mis paisanos.

He visto, en varias ermitas e iglesias del camino, incluso a peregrinos mahometanos. Sonríen ante las veras efigies de un jinete al que tradicionalmente se llamó “Santiago Matamoros”. Un general del ejército español, marroquí de raza y nacimiento -Mizian- se vio obligado a pronunciar la ofrenda anual al Apóstol. Taparon con ricos lienzos los pies del caballo para que no se vieran, agonizantes y postrados a sus pies, a combatientes moros vencidos, y algo más, por el todavía Patrón de la aun llamada España.

Nación abierta. Por eso nos acostumbramos a escuchar: ¡Santiago y cierra España!



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