17 de septiembre de 2021, 9:29:57
Opinión


Rubalcaba, el “Gran Hermano”

Javier Cámara


-Hola, ¿hay ropa tendida?
-Afirmativo. Está rondando.
-Bueno, pues con cuidado. Hazme una señal si aparece P. ¿Has elegido ya el sitio? La casa de V. perdida en el campo parece buen sitio, ¿no?
-Sí, será allí. Está decidido. V. no tiene problema. Dice que está lejos de la ciudad, que por allí no pasa la pasma y que podemos hacer lo que queramos. Será a las 11:00 horas. Avisa a Y. a D. y a M., ellos ya saben lo que hay que llevar.
-¿Tenemos contratados los servicios de C.? Espero que sean buenos, los últimos fallaron, salió mal y así acabamos. A parte, yo llevaré lo necesario para hacer la C. y dile a tu contacto que se encargue de la S.
-OK. Tú avisa a los de tu lista, yo a los de la mía. Que vayan preparados. ¡Va a ser muy “heavy”!
-Sí, va a ser un petardazo de órdago. No puede salir nada mal. Está todo pensado. Adiós.
-Adiós.

¿Se imaginan la trascripción de esta conversación entre mi cuñada y yo, en plenos y secretos preparativos de una fiesta sorpresa para mi hermano, en manos de una mente calenturienta que no sabe de qué va el rollo?

De pronto, sin esperarlo, los dos, en lugares diametralmente opuestos de Madrid, podemos encontrarnos con un grupo de operaciones especiales echando la puerta abajo al grito de “Policía, Policía, tírese al suelo con las manos en la cabeza”. Vale, puede que haya visto muchas películas, pero es lo que puede suceder si todas nuestras conversaciones son espiadas, grabadas, manipuladas y utilizadas en nuestra contra, además, sin una orden judicial.

El Sistema Integral de Interceptación de las Comunicaciones Electrónicas (conocido como Sitel) es una herramienta muy avanzada capaz de interceptar todas las conversaciones telefónicas en España. Demasiado poder para personas ávidas de control. Inimaginable lo que puede llegar a hacer en malas manos una aplicación informática con todo este potencial.

Si Aznar compró la maquinita y no la usó, mal por gastarse el dinero de todos (36 millones de euros) en cosas que no se van a utilizar, pero resulta peor dejar en el almacén un artilugio que puede ser manipulado por mentes perversas para las vilezas más intolerables. Que la Policía, la Guardia Civil o el CNI puedan saber sin orden judicial la identidad del titular de un teléfono interceptado, su ubicación geográfica, el nombre de los interlocutores, el tráfico de llamadas y también el de mensajes y correos electrónicos me da pánico.

¿Cómo no se va a tener miedo, si con este sistema, quien lo maneje puede saber de qué habla usted, su jefe, un alcalde, el PP, el presidente o SM el Rey? El ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, cual “Gran Hermano” que todo lo ve y todo lo controla, parece encantado de disponer de esta poderosa baza para perseguir el mal, pero no sé si se da cuenta de que sobre él cae toda la responsabilidad y sospecha de una sociedad vigilada que todavía no es consciente de hasta qué punto pueden verse vulnerados sus derechos.

¿En qué clase de país estamos? ¿De verdad se piensan que estamos dispuestos a hipotecar nuestra intimidad en aras de una seguridad mal entendida, que además, se puede volver en contra de cualquiera, según el criterio arbitrario del que apriete la tecla de la maquinita?

Un arma así debe estar sometido a los controles propios de la Constitución -es decir, que se regulen con un debate abierto y con conocimiento público de todos los aspectos que afecten a su uso-y también, por supuesto, al control de los jueces. Y recemos para que los jueces apliquen la ley…

Y digo yo: Si la Policía es uno de los cuerpos que maneja este sistema informático tan estupendo y maravilloso de escuchas, ¿no les resulta extraño que no sepan quién dio el chivatazo en el caso Faisán?

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