22 de septiembre de 2021, 1:17:35
Opinión


Atocha, la zanja que no cesa

Mayte Ortega Gallego


Los viejos del lugar recuerdan los trileros de Atocha. Para los no iniciados: gente sospechosa en grupos de a tres que montan el chiringuito en cinco minutos, las más de las veces con el cartón de una caja grande de tabaco que parecía esponsorizar el evento lúdico-deportivo. Empieza el juego, rien ne va plus! y a los tres minutos, ganchos, trileros, incautos y curiosos se arraciman en torno al cartón-mostrador de tabaco.

Ya no veo trileros en Atocha, probablemente estén sepultados bajo las baldosas de la enésima obra que Atocha ha conocido en sus aceras. Hoy me sale la vena francófona: sous les pavés, los trileros. Sus compadres, los esforzados comedores de bocadillos de calamares, han aguantado todas las obras posibles, todas las remodelaciones de paradas de autobús, todas las orquestas rumanas “revisitando” temas clásicos y todo eso sin rechistar.

Los trileros no iban de otra cosa, no intentaban venderte un juego didáctico y timarte. Desde el principio sabías que estabas apostando dinero en la calle, que no todos los que ganaban lo hacían realmente y que de un momento a otro llegaría la policía y el jefe doblaría su cartón y a empezar de nuevo el negocio en otra esquina. No estoy mitificando su profesión pero sí que admiro que se muestren como son. Los extraño.

Ahora han sido sustituidos por otro gremio, éste mejor adaptado en la evolución porque ha sobrevivido al cataclismo de la zanja, y que no es otro que el del trapicheo. En el mismo lineal puedes adquirir: microondas, contorno de ojos, jamón ibérico envasado y un chándal de acetato. Observas y piensas quién demonios es el cliente objetivo de ese mercado. La compra es sin carro, no te dan bolsa y exige buen zapato porque se dan muchas vueltas, hay mucho merodeo hasta que das con tu tendero de confianza. Este escenario ya ha sido mostrado en algunos de los programas de cámara oculta que se jactan de enseñarnos lo más zarrapastroso de la sociedad, lo más miserable y zafio y que aún se revisten de un aura de “periodismo de investigación”. A estos no los extraño.

Atocha es la zanja que no cesa, con espectáculos que no se encuentran en un “highlight” de la Lonely Planet de Madrid y que refleja lo que dicen que somos.
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