27 de noviembre de 2021, 9:18:23
Opinión


Las costumbres

Antonio D. Olano


Las canciones, sobre todo los boleros, son una costumbre. Nunca dejan de ser moda. Cambian, si acaso los intérpretes. De Lucho Gatica a Luis Miguel. De Ana Maria González a las Durcal.

De Jorge Negrete a Raphael. Maria Dolores Pradera, Nati Mistral, Chavela Vargas, adoptan la nacionalidad de las canciones que cantas que son, boleros, pasodobles, rancheras, corridos, los que han impuesto las costumbres.
… y tu me acostumbraste. Y viene a mi memoria de lo actual algo tan simple como la costumbre. Un gran escritor, César González Ruano, puso firma y rúbrica a su último artículo. Concluía: “…morir es perder la costumbre de seguir viviendo”.

Casi todo lo que hacemos, buena parte de lo que decimos es cuestión de costumbre. A la que nos acomodamos hasta que se convierte en rutina.

En casa, en la calle, ante la barra de un bar, en las tertulias que desaparecen –ya dejaron de ser costumbre- en la oficina, en todos los lugares se acomoda la costumbre que no es nada exigente porque siempre se conforma con las mismas cosas. Sus palabras, sus movimientos – palabras y movimientos son los nuestros- no nos exigen ningún esfuerzo.

Por la mañana, si a nuestras santas les place, sobre la mesa nos alinean las galletas, el zumo, el huevo pasado por agua, el café con leche. ¡La agradable monotonía de todos los amaneceres!

Las costumbres nos dan seguridad. Pero su melliza, la rutina, nos arrastra sin darnos tiempo para abandonarla. Creo que a ambas se debe la tradicional duración de los matrimonios. Muchos no son felices; pero el cambio, la mudanza, suele traer una chispa de ilusión. Aunque as respuestas deben ser brillantes, tengo para mi que se pasó el escritor Rimbaud al escuchar que un amigo suyo le confesaba que era feliz: ¿Cómo has caído tan bajo?, le preguntó.

La costumbre, y el abandono de la mejor de las lecturas, el diccionario, pierde a una mayoría de españoles. Valientes para ponerse delante de una vaquilla, temerarios al gozar de un parapente. Audaces si escalan una montaña. Cobardes a la hora de solventar una duda sin más testigos que su diccionario.

Escuchamos, incluso a personalidades literarias, que Madrid ha perdido las olimpiadas. No dicen juegos olímpicos que es la denominación correcta. Las olimpiadas es el periodo de tiempo, cuatro años, que separan unos juegos de los siguientes.

Llevo muchos años insistiendo, en tribunas públicas, sobre la interpretación de la envidia. Epidemia nacional según Galdós. Como enfermedad grave, la diagnostica Unamuno. Es frecuente escuchar que alguien, generalmente de nombradía, dice que siente “envidia sana” de un colega. ¿También existen tuberculosis, sida, gripes, sanas?.

Amamos los plurales. Levantamos la mano pidiendo un taxis.Si creemos que el conductor no ha reparado en nosotros gritamos: Taxis, taxis, taxis…

Algunos apellidos son víctimas del plural. Por ejemplo un hombre popular, médico forense, que dirigió desde la presidencia al Atlético de Madrid. Su apellido fue escrito, y sobre todo dicho, en plural: Cabezas. Doctor Cabezas.

Desterremos, de una vez por todas las malas costumbres.
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