19 de septiembre de 2021, 9:35:26
Opinión


Tacones lejanos

Mariana Urquijo Reguera


Lo que no se logra visualizar con 100 años de lucha feminista, o mejor dicho, lo que no se consolida sino tras 100 años de lucha, a veces, por fin, surge y sale a la luz el resultado, el producto, la consolidación de un cambio radical, y como no, se manifiesta, como un capricho del destino, de la manera menos esperada y de quien nunca se pensó que aportara nada a la lucha.

Si yo les digo: “Tacones lejanos” todos pensarán en aquella película de Almodóvar y recordarán a un jovencísimo Miguel Bosé subido a unos tacones rojos de vértigo.

Si yo les digo “Taconazos”, muchos pensarán en la delgada Princesa de España subida a unas plataformas que nada envidian a las del Bosé travestido.

Tacones y taconazos son siempre un objeto que se asocia a mujer, incluso a mujer objeto, a mujer bella, sufrida (porque la que no lo reconozca miente: sobre unos tacones se sufre siempre) que se exhibe para no decir, su imagen es todo lo que tiene que decir. Una mujer elevada sobre sus tacones, una mujer que luce piernas una mujer que se contonea…una mujer para mirar, y en principio, nada más.

Sin embargo, desde hace unos días, llevar tacones se asocia a una actitud que nada tiene que ver con la mujer florero. En medio de la gran tempestad política más grande de los últimos años, en plena guerra civil interna en el PP, gracias a Esperanza Aguirre, el filo del tacón se ha convertido en objeto de toda cámara y de todo periodista que se la cruce después de que pronunciara la siguiente frase: "cuando llevo zapatos planos, como hoy, no hago declaraciones".

De esta manera, la presidenta de la Comunidad de Madrid ha resignificado uno de los objetos más asociados a la belleza en la mujer y menos relacionado con sus capacidades personales no meramente físicas.

De ahora en adelante, señores y señoras, llevar tacones será un sinónimo de estar en pie de guerra y en día de batalla. De tener la lengua lista y afilada proporcionalmente a la forma del tacón, preparada para la lucha, sea la que sea. Por lo tanto, día con tacones, día de guerra, día con zapato bajo, día de política monda y lironda. Ya saben.

Es más, como luego respondía González-Pons, él, que nunca ha hecho declaraciones sobre tacones, no percibía la diferencia. Y es una pena, porque si volvemos a la moda ilustrada todos los políticos podrían usar el tacón también, ayudando en la buena tarea de ir avisando, desde las primeras imágenes de la mañana, si hoy, toca o no toca guerrear. Y de esta manera, la batalla ganaría en claridad y los periodistas en tranquilidad. “Porque el que avisa no es traidor”.
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