24 de noviembre de 2020, 22:29:13
Opinión


La estrategia de Rajoy para llegar a La Moncloa

Joaquín Vila


El discurso de Rajoy en la Convención de Barcelona encierra la estrategia con la que el PP aspira a ganar las elecciones de 2012: poner orden en el partido, limpiarlo de corruptelas y llegar a la opinión pública con su receta para superar la crisis económica e institucional de España. Una buena estrategia, pero muy difícil.

Para poner orden en el partido, para lograr esa unidad que Rajoy exige desde Barcelona, primero, tiene que frenar la pelea de gallos de Esperanza Aguirre y Gallardón y las chulerías de Camps y allegados. Porque hasta ahora, el liderazgo de Rajoy ha salido triturado en las crisis de Madrid y Valencia. En ninguna ha reaccionado a tiempo y ambas siguen como estaban. Cuando Cobo insultó a la presidenta de Madrid y Gallardón se regodeó, Rajoy se escabulló. Y Camps tardó más de un mes en cumplir las órdenes oficiales y públicas que salían desde Génova para apartar a Costa de su puesto. Hoy, ni Esperanza Aguirre ni Camps estaban en Barcelona para escuchar el discurso de Rajoy. El presidente de la Comunidad valenciana prefirió darse una vuelta en un Ferrari con Fernando Alonso y Rita Barberá. De Aguirre nada se sabe. Las crisis de Madrid y Valencia siguen como siempre.

Tampoco es fácil limpiar de corruptelas un partido político. Hoy, en España es muy sencillo robar desde los Ayuntamientos, las Comunidades o cualquier centro de poder. La tentación de enriquecerse afecta a todos los partidos, aunque el PSOE siempre ha sido el más corrupto. Los decálogos éticos, como el que ha anunciado el PP en su Convención, sólo sirven para echar del partido de forma fulminante a los dirigentes imputados por corrupción. Y tampoco, hasta ahora, Rajoy ha reaccionado a tiempo cuando algunos miembros del PP han sido acusados. El caso Gürtel es el mejor ejemplo.

También pretende Rajoy llevar hasta la opinión pública su receta para sacar a España del agujero. Hasta ahora, buena parte de los mensajes políticos del PP se han cebado en los desastres de Zapatero. Y con mucha razón, pues ese es el papel de la oposición a un Gobierno: denunciar los errores, y con más razón con el Gobierno de Zapatero. Pero esas denuncias siempre han tapado unas propuestas políticas claras y convincentes para gobernar España.

El discurso de Rajoy en Barcelona se ha centrado en eso: en intentar convencer a la opinión pública de que el PP gobernaría mucho mejor que el PSOE. Rajoy sólo tiene que convencer de esa evidencia a los españoles y antes poner orden en los gallineros de Madrid y Valencia. Quizás todavía está a tiempo. España no puede esperar.
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