15 de noviembre de 2019, 9:12:33
Opinion


¿Gürtel taurino?

Pedro J. Cáceres


Hace tiempo que la sombra del Gürtel atenaza hasta la opresión la política valenciana. Inmersos en este enrarecido ambiente, la Diputación de Valencia saca a concurso la explotación de su plaza de toros.

Todo indica que la sustancial rebaja del canon y la limitación del mismo para no convertirlo en subasta son suficientes para hablar de un buen pliego.

Los rigurosos requisitos para concursar levantan opiniones para todos los gustos, según el interés de quien los hace. El espíritu y la filosofía son para ello el de haber gestionado en los tres últimos años plazas de 1ª categoría, por ser esta la de la plaza de toros de Valencia.
Así se colige que se quiere un empresario, o empresa, en activo en plaza de primera y que no sea un advenedizo, si no que al menos lleve tres años, los últimos, de forma continuada.

Pero el lenguaje es perverso y los técnicos van a lo suyo, los propios con el miedo Gürtel y los topos con posibles trampas. De tal forma se introduce la palabra año, en vez de temporada, y se aclara que no son válidas las fracciones.

A nadie, con dos dedos de frente, se le oculta que la empresa Taurodelta ha gestionado los tres últimos años taurinos la plaza de toros de Madrid y así concursa.

Su sorpresa, y la de todos, es cuando a través de los infiltrados, con un PSOE ávido de carnaza y muy identificado con el hecho proletario, antes que con el empresariado conservador y tradicional, se detecta y se denuncia, se alega, por parte, en principio, de Serolo la falta de crédito sobre la solvencia técnica por parte de Taurodelta y que tal situación ya no es susceptible de subsanar por ser condición básica.

El argumento es que el contrato que firma Taurodelta con la CAM es de noviembre de 2006, y por lo tanto a fecha de presentación de documentación para concursar en Valencia, 28 octubre 2009, no se cumplen los tres años naturales que expresa la literalidad del pliego.
Está claro que por la dinámica de los cursos taurinos y las convocatorias de concursos –en los meses finales de ejercicio, por razones obvias-, este, de Valencia, convocado sin concluir la temporada y cerrado a pocas fechas de terminar, hace que difícilmente se puede cumplir el espíritu de actividad actual del licitante en plaza de primera categoría, salvo que lleve una trayectoria de cuatro años, desde 2006 mínimo, ejerciendo y por lo tanto desvirtúa la filosofía de tiempo de gestión a acreditar, no 3 años, si no 4.

Sucedió que en las mismas condiciones y por simplificar burocracia la UTE de Simón Casas concursó acreditando solvencia profesional respecto de su trayectoria como parte del empresariado de la Plaza de toros de Málaga. Como en el caso de Taurodelta, hasta el más tonto sabe que la actual empresa de Málaga ha gestionado los tres últimos años de actividad taurina su plaza: 2007,2008 y éste 2009 en el que sigue al frente al igual que Taurodelta en Madrid, que esa es otra: son gestiones que aún concluso el ejercicio taurino actual tienen en vigor su permanencia en dichos cosos para el año que viene.

Avisado, no por parte de la Institución ni de la Mesa –chivatazo- de cual iba ser el criterio de selección puesto que es invitado a subsanar una vez abiertos los “sobres” documentales ejercen la alternativa –prolija y costosa económicamente- de acreditar dicha solvencia respecto de la gestión de Nimes por parte de Simón Casas y lo presentan en plazo.

Es en ese momento cuando se une, Casas, a las alegaciones efectuadas por Serolo, en cuanto a la imposibilidad de subsanación posible, en tal criterio, de la oferta de Taurodelta por falta de alternativa de tal sociedad que se presenta como tal y es la que debe de responder a tal criterio.

Esta situación de permanente contencioso entre la letra y el espíritu de cualquier norma la hacía interpretable bajo la responsabilidad de la Mesa de contratación.

El problema es que la Institución, a través del topo de turno, o el ocioso, o el pasota…interpretó en el acto a favor de la letra y no el espíritu sentando un precedente que no debería admitir reversión.

Y el proceso llega a un punto de encanallamiento intolerable en que ante la aflicción del PP surgen campañas del todo vale por la parte contraria.

Serolo está en su derecho de defender con uñas y dientes y escrutar todos los resquicios legales por entender que él sí ha cumplido escrupulosamente con el espíritu y la letra del pliego. Y si su oferta, como apunta, además de ser rigurosa en lo administrativo, es la mejor, debe ganar el concurso sin que medien reticencias ni contenciosos agrios del pasado reciente con motivo de la no concesión de la prórroga por parte de la institución.

Lo mismo que Simón casas en su casuística sin que los adjudicadores den permeabilidad a bulos y comentarios sobre su actual situación financiera, puesto que han presentado todos los requisitos y avales que acreditan que respecto del pliego es correcta. Menos invocar a la conexión Madrid-Valencia, respecto del PP y lo desagradable que para los políticos de la Comunidad madrileña han sido las demandas judiciales de Casas que podrían sensibilizar por afinidad al PP valenciano.

Y Taurodelta reservarse las acciones pertinentes por la interpretación que se ha hecho sobre el requisito de antigüedad y experiencia para concursar. Si bien su estrategia de ganar tiempo subsanando el error interpretativo con, al parecer, su vinculación a Taurovent, vuelve a ser una equivocación de bulto que evidencia en qué manos ha dejado la empresa de Las Ventas la confección del pliego en un camino sin retorno a la expulsión del concurso porque baza mayor quita menor.

Por que Taurovent era una sociedad en la que intervenía Taurodelta o sus miembros y no una UTE en la que Taurodelta tuviera personalidad jurídica propia en el conjunto societario. Por que Taurovent tiene, dicen, hoja cerrada en el Registro. Y porque la subsanación es un complemento de la documentación originaria del licitante se vuelve a las andadas en que miembros de tal licitación concurren al concurso con otros postulantes, caso Beca Belmonte, como en su día el de Roberto Espinosa que ante la cerrazón de aquella Diputación su demanda le costó al ciudadano 200 millones de la época en concepto de indemnización.

Un paréntesis. De aquellos lodos estos barros. Si cuando el 30 de diciembre de 2004 la CAM concede la plaza a Taurodelta no se hubiera permitido el fraude de ley para que el día 14 de enero se convirtiera en Taurovent y conceder el favor al constructor del régimen en vez de al empresario taurino que lo ganó, ahora no pasaría esto, ni el bochorno de la conexión Las Ventas-Malaya ni la depuración de periodistas honestos que lo denunciaron por parte de políticos sin escrúpulos.

Y lo que atañe a día de hoy: por encima de interpretaciones de letra de pliego Taurodelta tendría, con creces, acreditada, como tal su experiencia parar concursar en Valencia sin ningún problema. Cierro paréntesis.

Pero son los técnicos y juristas los que deben decidir si cumple los requisitos y si a partir de ahí presenta la mejor oferta ser ganadora sin prejuicios. Aunque todo apunta que lo tiene muy difícil, por todo.

Lo que no es de recibo es la campaña de acoso y derribo por los sectores políticos y mediáticos afines a la oposición socialista publicando incluso que la plaza ya está dada a Taurodelta en una clara maniobra de intimidación previendo un pucherazo no de mostrable, en busca de un Gurtel taurino que de no consumarse, como siempre no va a acarrear ninguna responsabilidad, saldrá gratis, y a por otra.

Menos tirar la piedra y esconder la mano, a la pala del pitón, argumentando la vinculación de Canal Plus con Taurodelta. Cualquiera quesea el empresario de Valencia, está condenado a negociar con Plus, pues es el único con voluntad de retransmitir toros, y viceversa el Plus con quien sea adjudicatario por mor de cubrir la única feria grande que le falta.

No se puede echar lodo sobre el Plus por no ir derecho al toro y hablar de una conexión indirecta, nunca directa, de gente del Plus.
Nada nuevo por otra parte. El problema está en Valencia no en Tres Cantos. Y no de ahora, si no de la época de los virreinatos moro y cristiano en el panorama mediático.

Y si es cierto que la conexión funcionó en la adjudicación comentada que supuso la tarjeta roja a la Diputación y la multa a sus ciudadanos, bueno es que se esté vigilante por repetirse, en esencia, los mismos personajes e Institución. Pero “de frente y por derecho”, sin “chicotazos” ni “navajeo” que sólo pueden despertar la soberbia dormida por el Gurtel y conseguir el boomerang.
Por ello, la Diputación, debería no repetir errores de dilación sobre asuntos de un par de trajes y un sastre que han derivado en ocho o diez baúles de los de la Piquer y pronunciarse cuanto antes para evitar que de una cuita taurina que interesa bien poco se haga una cuestión política de alcance imprevisible que la ocasión coyuntural está provocando.

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