29 de marzo de 2020, 5:32:18
Cultura

huelgas, ampliaciones y mucho arte


Anécdotas y curiosidades de 190 años del Museo del Prado


De las 311 obras que albergó el Museo del Prado en 1819, año de su inauguración, hasta las 1.000 que acoge expuestas a fecha de hoy, a las que hay que sumar las que descansan en sus fondos, han pasado 190 años. Casi dos siglos en los que la pinacoteca se ha consolidado entre las mejores del mundo. En los últimos años ha sido testigo de remodelaciones, protestas laborales, cambios en la dirección y polémicas, a las que ha sobrevivido el arte, la indiscutible esencia del museo.


El Museo del Prado celebra estos días su 190 aniversario. La pinacoteca cumple casi dos siglos en los que no siempre las pinturas que acoge han sido las protagonistas. Esta es la historia de uno de los museos más importantes del mundo.

Puerta de Murillo del Museo del Prado (Foto: Manuel Engo)
Hay que remontarse a 1786 para encontrar las primeras referencias sobre el edificio que iba a albergar el museo y que había sido destinado al Gabinete de Historia Natural. El proyecto arquitectónico, aprobado por Carlos III fue a parar a Juan de Villanueva, quien se decantó por un estilo neoclásico para dar forma a su estructura. Sin embargo, el destino del museo sufrió un revés allá por la invasión napoleónica. Las circunstancias del momento llevaron al futuro museo a convertirse en albergue de la caballería militar. No fue hasta la llegada al trono de Fernando VII cuando el edificio recuperó su función de centro de arte.

Con la idea de mostrar las obras propiedad de la Corona al público y presumir a los ojos de Europa de la pintura española, el 19 de noviembre de 1819 abre sus puertas bajo el nombre de Museo Real de Pinturas. La ampliación progresiva del número de lienzos gracias a la incorporación de otros museos, las donaciones y las compras conforman hoy la colección permanente compuesta por alrededor de 1.000 piezas, a las que se suman cada año nuevas obras.



Velázquez, Goya y Murillo son sus protagonistas indiscutibles. No sólo porque alberga sus obras más importantes sino también porque dan nombre a sus fachadas, presididas por tres esculturas del siglo XIX dedicadas a los tres artistas. La de Goya, en un lateral, obra de Mariano Benlliure, mira de tú a tú al museo. Es la única de las tres que lo hace. La de Velázquez, frente a la puerta principal de la pinacoteca, es obra de Aniceto Marina y, de las tres, la más fotografiada. Frente a la puerta que resta, en el otro lateral, descansa la escultura de Murillo, obra de Sabino de Medina.

Puerta que da acceso a la ampliación del Museo del Prado, obra de Rafael Moneo (Foto: Manuel Engo)
Y por fin llegó Moneo
El edificio que custodian Velázquez, Goya y Murillo ha cambiado con los años. Las remodelaciones emprendidas en su estructura lo han convertido en lo que es hoy: un museo con una capacidad de 44.315 metros cuadrados. La ampliación de Rafael Moneo, ideada en 1998 y culminada en 2007, es la más importante tras las de los años 20, 50 y 60. También ha sido la que más polémica ha suscitado. La inclusión del claustro de la Iglesia de San Jerónimo, colindante con el museo, en el proyecto del arquitecto navarro generó dudas entre expertos y quejas entre el vecindario. Pese a todo, y con el Supremo de por medio, la ampliación siguió adelante.

Han sido muchos los que lo han dirigido. Durante los últimos años, destaca la salida de Alfonso Pérez Sánchez en 1991 tras 30 años al frente de la pinacoteca. Su abandono dejó el puesto desierto tres meses, hasta que Felipe Garín fue nombrado su sustituto. Tras él, vinieron Francisco Calvo Serraller, José María Luzón, Fernando Checa y Miguel Zugaza, actual director del museo. Antes de todos ellos, ocuparon su lugar pintores como Juan Madrazo, Juan Antonio de Ribera o Antonio Gisbert.



Huelgas, sustos y protestas
Durante los últimos años no todo ha sido cordialidad. Los trabajadores del museo protagonizaron durante la década de los 90 airadas quejas que se tradujeron en encierros en las salas del museo y huelgas. En 1996, protestaron por la congelación de sueldos acordada por el Gobierno de Aznar y porque se dudó de la seguridad de la pinacoteca tras el hallazgo de un cuadro ajeno a la colección que pasó inadvertido cuatro días. El artífice de la burla había sido el pintor Víctor Ruiz Roizo al conseguir colgar con silicona uno de sus cuadros en la sala donde se exhibían por entonces pinturas flamencas.

La pinacoteca ha tenido que lamentar más sustos. En 1991, el museo fue desalojado por una amenaza de bomba. Un año después, generó mucha polémica la aparición de goteras en el techo de una sala contigua a la de Velázquez. Percance que fue remendado a base de biombos y cubos, pero que evidenció el mal estado de la estructura. Después de los atentados del 11-M, un vándalo conocido como el “lanzahuevos” manchó en reiteradas ocasiones la fachada del museo con pintura roja y negra. Fue detenido, según relata la Policía, “con la huevera en la mano”.

Friso situado en la fachada de la puerta de Velázquez (Foto: Carlos V. Valle)


Tras los atentados de Atocha, el 12 de marzo de 2004, el Museo del Prado, el Thyssen y el Reina Sofía coincidieron en cerrar sus puertas en señal de luto por los fallecidos. Un año antes, el Prado hizo lo mismo para protestar por la guerra de Iraq. Este tipo de actos solidarios encuentran un precedente en 1996, cuando los trabajadores del museo desplegaron un gran lazo azul ante la estatua de Velázquez en recuerdo de José Antonio Ortega Lara, secuestrado por Eta.

Las curiosidades de los últimos años de historia de esta pinacoteca no terminan ahí. En 1989, los billetes de Metro de Madrid llevaron impresos cuadros de Goya. Una iniciativa con la que, según contaba el entonces presidente del Metro, Guillermo Vázquez, se pretendía mejorar, entre otras cosas, la limpieza de los subterráneos “pues los usuarios se pensarán dos veces arrojar el billete al suelo”.

Turistas en los alrededores del Museo del Prado (Foto: Manuel Engo)
Tres años más tarde, el Prado se despedía del “Guernica”, obra de Picasso, para ser expuesto en el Reina Sofía. En 1993, comenzaba la modernización de la pinacoteca con la instalación de las primeras guías explicativas en forma de receptor portátil y, además, el museo celebraba la donación del ex ministro de Economía Carlos Solchaga de un cuadro de Goya que colgaba de una de las paredes de su despacho del Ministerio.

La consolidación del Prado como una pinacoteca clave en el circuito de arte internacional se debe, en gran medida, al aumento incesante de visitantes y a un programa ambicioso de exposiciones. Si en 1988 era noticia que el museo alcanzaba 1.184.083 visitantes, en 2008 lo era haber recibido a 2.759.029.

Los 192 millones de euros que la pinacoteca ha destinado para un nuevo plan de acción entre 2009-2012 confirman que el Prado no cesa en su empeño por crecer. Los próximos objetivos están al caer: una nueva ampliación con la puesta en marcha del Salón de Reinos y la reordenación de su colección, que permitirá una visita cronológica de las obras que alberga.
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