20 de enero de 2020, 22:50:30
Opinion


A vueltas con el cambio climático



La intención del Gobierno chino anunció de reducir la intensidad de sus emisiones de dióxido de carbono por unidad de PIB entre un 40 y un 45% para 2020 no deja de ser un brindis al sol. Los más optimistas pueden pensar que, al menos, Pekín se ha comprometido en algo concreto pero, a día de hoy, China no ha firmado documento alguno con carácter vinculante. Tampoco lo ha hecho Estados Unidos, pese a que Obama también se ha apuntado al carro de reducir emisiones, en su caso un 17%. Conviene resaltar que chinos y norteamericanos son los que más contaminan de todo el planeta y, por tanto, a ellos más que a nadie es a quienes debe exigirse un esfuerzo mayor. Posiblemente ese sea el argumento que esgrima gran parte de la comunidad internacional en la cumbre sobre cambio climático que se celebrará el mes que viene en Copenhague, y a la que han confirmado su asistencia tanto Obama como Wen Jiabao.

A su manera, China y Estados Unidos defienden sus intereses particulares. Destaca especialmente el caso norteamericano, donde algunos quisieron ver en la llegada de Obama el nacimiento de una nueva era "verde". Nada más lejos de la realidad. La conciencia social de Obama no obnubila su sentido político y, en base al mismo, sabe que una reducción drástica de emisiones sería muy perjudicial para la industria estadounidense a corto plazo. Iría muy bien aplicar criterios de racionalidad en un asunto de tanta importancia para todos como es el del cambio climático, cuyas consecuencias se perciben cada día más. Entre el excesivo alarmismo de unos y el negacionismo de otros debe imponerse un poco de cordura, tan necesaria para no seguir esquilmando los recursos naturales ni perder de vista el calentamiento global. Luchar contra el cambio climático, sí. Hacer política de salón con algo tan serio, no.
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