18 de septiembre de 2021, 8:44:57
Opinión


La excelsa tolerancia

José Manuel Cuenca Toribio


“En la Plaza del Cardenal Salazar se dará vida a Tres Córdobas de hermosura. El enclave se prepara para una suite flamenca para el baile sobre la base de las tres culturas. Tres mujeres en un espacio evocador que acercarán al público a través de la danza al pasado más brillante de Córdoba. Se pondrá en relieve la convivencia y la concordia en la que vivieron nuestros ancestros”. De tal guisa reza el párrafo central de uno de los muchos folletos difundidos por el Ayuntamiento de la antigua urbe califal con el muy loable propósito de potenciar la principal -y casi única- industria de la hoy postrada ciudad, a fin de que, por “intermediación” de la estética y la historia recobre parte de su extinguido esplendor la antigua corte de los Omeyas peninsulares.

El lenguaje utilizado en tan plausible empeño no es, quizá, el más correcto o refulgente para conseguirlo –sobre todo, en la descripción de un lugar evocado varias veces por la mágica pluma del autor de Las Soledades-; pero, aun así, todavía se descubre con mayor imperfección la referencia a uno de los capítulos más célebres del ayer de la ciudad que fuese corazón de al-Andalus; fama que la reciente alusión hecha en uno de sus espejeantes discursos por el presidente Obama ha elevado en todo el mundo al pináculo mediático…

Pero si en el mismo solar califal se dibuja una imagen tan inexacta de su etapa-cumbre, no cabe escandalizarse, a la manera de lo expresado por la comunidad académica y los más recalcitrantes sectores del antinorteamericanismo de oficio, de los no pocos errores factuales deslizados en las palabras del líder estadounidense al rememorar, en El Cairo, esa página cordobesa como cifra y esperanza para un presente tironeado de nuevo por los fundamentalismos. Pues, desde luego, según la communis opinio entre los especialistas más acreditados, dicho pretérito luminoso no pasó de ser un episodio fugaz e incompleto en la materialización de uno de los ideales que expresan con mayor plenitud el costado -¿muy ancho?- más atractivo de la Humanidad. Por supuesto: su transitoriedad temporal en modo alguno invalida ninguna de sus esencias. De ahí proviene, justamente, la sugestión despertada por la llamada “Córdoba de las tres culturas”. Si hace un milenio, con un acervo histórico que no contaba con dos guerras mundiales e inquisiciones y despotismos de la más variada gama, fue posible en la ciudad de los Abderramanes el que sus habitantes musulmanes, cristianos y judíos buscaran, mediante el respeto mutuo, una sólida plataforma de concordia como basamento de una existencia fecunda colectiva e individualmente, no cabe desesperar frente a un posible retorno de un pasado bien que por efímero no menos ansiado desde una civilización de trepidante paso tecnológico y tardígrada andadura espiritual.

Entretanto se reencarna tan soñada opción, se ayudará grandemente a los afanados en ello con el destierro implacable de toda banalización del concepto, en verdad venerable si no excelso, de la tolerancia así como de cualquier juego o instrumentalización. Si comenzáramos por la historia, con la pertinencia de fechas y lugares, probablemente andaríamos por el mejor camino.
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