20 de enero de 2021, 17:28:51
Opinión


Educar y decir: no

David Ortega Gutiérrez


Hay pocas actividades en la vida más importantes y decisivas que la de educar a tus hijos. En ella se debe poner cariño, tiempo y, principalmente, conocimiento. Tal vez puedan resultar útiles unas breves reflexiones sobre esto último.

La educación parte de su carácter instrumental, no es un fin en sí mismo, si no un medio para intentar sacar lo mejor de nuestros hijos, el libre desarrollo de su personalidad que regula laon Constitución española de 1978 (art. 10.1) y la Declaración Universal de Derechos Humanos (art. 26). No debemos olvidar que la naturaleza humana es dinámica, todos llevamos dentro el bien y el mal y, por lo tanto, hay que saber que una buena educación puede hacer mucho bien, al igual que una mala educación puede contribuir a sacar lo peor de nosotros mismos. Esto es importante saberlo. Los padres tenemos una responsabilidad que no podemos eludir. Los niños precisan de una autoridad que les marque las pautas hasta que ellos sean mayores y puedan decidir por sí mismos. Esto exige de los padres lo siguiente:

1. Los padres deben tener las ideas claras, al menos en lo esencial. Los niños suelen ser muy tiranos y si no se les marca los límites desde el principio cada vez es más complicado enderezar la situación.

2. La educación, aunque pueda resultar raro o no estar de moda, muchas veces consiste en decir a nuestros hijos “no”. “No” implica la existencia de límites, algo esencial en la vida social, lo contrario es la ley de la selva. “No” significa que los padres valoran que lo que se le niega, no es bueno para su hijo.

3. Para poder decir “no” con tranquilidad y que tu hijo valore positivamente ese “no”, basta con que se dé cariño y tiempo a tus hijos. Esto es fundamental. Un niño que se siente querido admite el “no” sin grandes problemas, pues los padres tienen la autoridad del cariño y de saber qué es lo mejor para él.

4. No debemos tener miedo a ser distintos o que nuestros hijos lo sean. A la sociedad actual nuestros hijos les da lo mismo, salvo eso sí, que consuman dentro del cada vez mayor mercado que supone la infancia y la juventud. Hace años con un balón de futbol jugaban treinta chavales y duraba años. Mal negocio. Hoy con las videoconsolas juega uno y cada semana hay que comprar otro juego, pues el niño se aburre. Muy buen negocio.

5. Muy importante, no demos a nuestros hijos lo superficial, que suele ser lo que se compra con dinero, pero sí démosles lo necesario, que es cariño, tiempo y la autoridad suficiente para orientarles bien en sus primeros años de vida. No olvidar la fuerza de nuestro ejemplo, no lo duden, es lo que más les va a influir. Los hijos son seres bastante imitativos y por ello reflejo, casi siempre, de sus padres.

6. En última instancia el “no” es una muestra de cariño, de preocupación, y aunque parezca contradictorio, nuestros hijos lo valoran y lo necesitan. El sí es siempre más cómodo y fácil, pues te quitas el problema de la discusión de encima, por falta de tiempo o cansancio. Muy importante, los papeles no se pueden intercambiar, los padres mandan y los hijos obedecen. Esto es vital. Los padres no pueden perder el respeto que sus hijos le deben, no hacen falta los gritos, basta la autoridad del cariño y del conocimiento. Cuidado con el aquí y el ahora, la vida es muy larga y hay tiempo para todo, no creemos viejos con catorce o quince años que ya han vivido todo. Es mejor dar las cosas y las experiencias poco a poco y que les cueste. Así lo valorarán y sin duda lo disfrutarán más.

7. Concluyo, en la vida las cosas hay que ganárselas, si todo se logra sin esfuerzo, nada se valora. Y esto hay que enseñarlo desde la infancia. Sé que educar es cansado, aburrido, repetitivo, pero las cosas son así.
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