29 de septiembre de 2021, 4:28:52
Opinión


Solo en el mundo. Alianza… ¿de qué?

Javier Cámara


A poco que uno se dé una vuelta por los artículos de opinión de distintos medios de comunicación observa que en muchos se comenta “la soledad de Zapatero”. Se dice que es lo mismo que le pasó a su antecesor en La Moncloa y al antecesor de su antecesor. Se habla de síndrome, de aislamiento, de que no escucha, de que no se deja aconsejar.

Ya es triste que nuestro presidente se sienta solo en España. Al fin y al cabo, sus ciudadanos son los que le han votado. Da pena ver que nadie se fía ya de su gestión o, peor, de su capacidad para gestionar una situación que se le ha ido de las manos desde hace mucho tiempo. Sus políticas económicas y sociales no están dando ningún resultado –a pesar de que diga que gracias a sus medidas la crisis es menos– y eso lo pagan los que le votaron y los que no. Cosas del juego democrático.

Los nacionalistas han visto en este Ejecutivo una muy buena oportunidad para avanzar hacia sus objetivos independentistas. El propio PSC de Montilla –quizá ya no tan propio– negocia cualquier apoyo, por mínimo que este sea, a cambio de cuantiosos emolumentos para Cataluña, pero se desmarca de las directrices del PSOE cuando le interesa. En el Pais Vasco, algo parecido. Dolidos como estaban tras perder el Gobierno después de 30 años, ya están sacando tajada otra vez de sus pactos abortistas con “los de Madrid”.

Dicen que Zapatero está solo y debe ser verdad porque los hechos lo demuestran, incluso, fuera de nuestras fronteras. No hay que ser un lince para ver que la deficiente política exterior del partido socialista no ha sabido defender nuestros intereses en el mundo. No es que Zapatero no quiera escuchar, es que nadie quiere saber nada de Zapatero. Desde que nos tomaran el pelo en el asunto de los piratas de Somalia, los problemas en materia exterior se acumulan casi tanto como las facturas a los más de cuatro millones de parados de este país.

Tras “solucionarse” el caso Alakrana, el departamento de Moratinos se encuentra ahora con más secuestros en Mauritania, cuestión en la que, de momento, todos callados. El temor por la vida de los tres cooperantes obliga y el hecho de que estén retenidos junto a un ciudadano francés quizá alivie algo a los familiares, que confían en que el Ejecutivo galo se encuentre en una mejor disposición negociadora.

A las cuestiones mauritanas sumamos que la situación límite de Aminetu Haidar ha puesto en la misma tesitura al Gobierno español con Marruecos, con quien no mantiene las buenas relaciones de antaño. Tras el “gol” marroquí, que ha sabido encasquetar el problema de la saharaui al gabinete de Zapatero, el PSOE se consuela con que “no ha visto a tantos actores” apoyando a la activista.

Y digo yo: ¿Qué fue de la Alianza de Civilizaciones? ¿De verdad sigue siendo el eje vertebrador de la política exterior de España? ¿Han servido para algo las fotos de Zapatero con Obama? ¿Cuántos actores son necesarios para que el PSOE sienta y considere un problema como un problema real?

Para colmo, el eterno conflicto con Gibraltar. Dirán lo que quieran, maquillarán sus manifestaciones, disimularán el ridículo de la forma que quieran, pero la enésima “bajada de pantalones” ante la colonia británica no nos deja en muy buen lugar.

Si un “barrio” como Gibraltar nos toma por el pito de un sereno, unos piratas “muertos de hambre” se ríen de nosotros, un país como Mauritania nos ignora y Marruecos nos chulea, ¿qué peso tiene España en materia de política internacional?

Ah, perdón, que la conjunción planetaria está a punto de producirse. Eso nos salvará.
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