14 de diciembre de 2019, 1:41:09
Opinion


¿Quién ha herido a Aminatu Haidar?

Martín-Miguel Rubio Esteban


Los últimos tardofranquistas traidores a sus orígenes, como las ratas de un barco naufragando, agarrados a la púrpura para sobrevivir, abandonaron a su suerte a los saharauis, repartiendo sus despojos entre mauritanos y marroquíes, y abandonando así a nuestro último Gran y Brutal Gerifalte que se hundía solemnemente en su barco ardiendo cual nuevo Alarico en un Hospital público de la Seguridad Social. El nuevo Régimen comenzaba su heroica andadura abandonando a su infortunada suerte a más de 100.000 españoles saharauis. No se trató de un proceso de descolonización – como el francés, el inglés, el belga, o incluso el alemán o el portugués -, sino el abandono de todo un pueblo que se organizaba en provincias españolas desde hacía 30 años para que lo devorasen los perros. Y si el genocidio no se perpetró del todo, si no se aniquilaron a todos los saharauis, hombres, mujeres y niños, españoles un día antes, fue porque Dios no quiso, y no porque la monarquía española moviese un dedo para impedirlo. ¡Qué vergüenza! ¡Qué infamia! Como salvar a aquellos súbditos españoles con la fuerza militar podía constituir un feo lunar en el rostro inmaculado de la nueva Corona instaurada, se optó por la dejación de las responsabilidades amargas ( pero básicas y de sentido común ), se entregó a los lobos a antiguos compatriotas, y así se explican muchos fenómenos inauditos de nuestra política externa e interna de este Régimen nuestro.

La clave está en no enfrentarse jamás a penosas obligaciones que nos despeinen el tocado para salvar a compatriotas, para salvar a la Nación, y ceder, ceder, ceder siempre, siempre, siempre, letras de marfil, jardín de mi agonía, con tal que los suelos del poder sigan siendo mullidas y blandas alfombras para los tan delicados pies. Desde hace treinta y cinco años España no ha sabido decir No a sus enemigos exteriores, como si el orden democrático se fundamentase en la satyagraha de Gandhi. Y esa ignorancia, devenida de un complejo de culpa por su reciente pasado pseudofascista, cimienta el entero edificio del Estado español.

Los territorios del Sahara e Ifni, que constituían el África Occidental Española desde hacía 70 años, pasaron a denominarse provincias del África Occidental Española por decreto de 21 de agosto del año 1956. Y el 10 de enero de 1958 las Cortes Españolas aprobaron una Ley que organizó en provincias los territorios del Sahara e Ifni. La vergonzosa crisis de la Marcha Verde fue solventada de manera ignominiosa mediante el acuerdo de Madrid el 14 de noviembre de 1975, con un Franco en coma irresoluble, mediante el que España se comprtometía a retirarse en febrero de 1976 y a repartir las provincias españolas del África entre Marruecos ( los dos tercios septentrionales ) y Mauritania.

Tanto la OUA como la ONU - ¡que no España! – han conminado a Marruecos en multitud de ocasiones para que se celebre un referéndum que pueda legitimar la autodeterminación del digno pueblo saharaui, constituido en República Árabe Saharaui Democráticas ( R.A.S.D. ), pero Marruecos aplaza cínicamente, desesperantemente, “sine die” los referenda, y la marroquinización ( que ha sido sustancialmente sistemática desespañolización ) en el Sahara español continúa implacable. Diríase que nuestra tremebunda Monarquía sabe mejor defender los muy cuestionables derechos de Marruecos sobre antiguos territorios españoles que los límpidos derechos de España sobre actuales territorios españoles en España. Mauri aurum? Nescimus.

Mientras, se oye a los compatriotas de Aminatu Haidar gritar “Al-Houría!”, “Al-Hayat!”, “Athaoira!”. Y a falta de dignidad en las altas praderas azules de la antigua metrópoli, tiene que salvar la vida de Aminatu el Presidente de la República Francesa. Un logro más para la diplomacia española y nuestra valiente y resolutiva política inernacional.

El 26 de Diciembre de 1884 el sultán de Adrar Temar ( Montaña de los Dátiles ) reconocía la soberanía de España sobre Río de Oro, convirtiéndose el río Draa en la frontera que separaba a Marruecos de las posesiones del Reino de España. Nunca pensó aquel sultán qué iba a hacer el Reino de España con aquellas tierras. ¿Usarlas en almoneda, por decirlo en lenguaje árabe?
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