16 de septiembre de 2019, 13:09:09
medioambiente

la crónica salvaje


El 'mal trago' del canibalismo arácnido


Científicos estadounidenses han descubierto que las especies caníbales de arañas sólo se comen a sus parejas en caso de extrema necesidad al contrario que por ritual, como se pensaba hasta ahora. Además, los estudios revelan que los machos arácnidos no son especialmente nutritivos por lo que el hambre o el sabor no serían factores determinantes a la hora de ser devorados por las hembras. Las investigaciones, llevadas a cabo por científicos de la Universidad de Miami, han sido publicadas recientemente en la revista científica especializada Oecología.


A pesar de que el asunto del canibalismo arácnido ha mantenido en vilo a los expertos durante mucho tiempo, los recientes estudios arrojan un poco de luz al respecto. En los últimos años se habían lanzado varias hipótesis para explicar este macabro comportamiento. Entre ellas, las más extendidas eran las que aducían una lucha por la supremacía o un error de identidad para que las hembras se alimentaran a base de sus 'parejas'.

De todos modos, la teoría más plausible es la que apunta a la nutrición. Los miembros de una misma especie son, a priori, la perfecta comida puesto que contienen todos los nutrientes que el animal tiene en su propio organismo y, de este modo, necesita para subsistir. A pesar de esto, aún existe mucha controversia acerca de los beneficios del canibalismo.

Con el objetivo de aclarar este misterio, los investigadores Shawn Wilder y Ann Rypstra, de la Universidad de Miami, han investigado en los últimos años cuánto de nutritivo puede ser una injesta de un macho de araña lobo, Hogna helluo para una hembra de dicha especie.

Esta peculiar especie del medio oeste norteamericano, que puede llegar a vivir hasta dos años, no construye telarañas como sus primos arácnidos sino que espera quieta al acecho de sus presas. En esta variedad de araña, la hembra acaba comiéndose al macho en uno de cada tres apareamientos.

Wilder y Rypstra midieron cuánto podía comer habitualmente una hembra de araña lobo, incluyendo los lípidos y proteínas consumidos por su propio organismo. Ambos investigadores compararon el muestreo con lo ingerido con una presa común en esta especie como es el grillo.

Los resultados reflejan como la ingesta de machos no provee a las hembras de los nutrientes suficientes para una correcta reproducción. “Con nuestros estudios se ve como las hembras de araña lobo necesitan muchos lípidos para producir huevos a pesar de que los machos tienen muy poco de este nutriente en su organismo”, señala Wilder.

El investigador añade que "los machos son menos nutricionales para las hembras que otras presas como los grillos”. Esta afirmación se ve reforzada con las pruebas de campo realizadas en las que las hembras devoraban un grillo tras rechazar previamente un macho de su especie. “Estoy sorprendido por los resultados ya que el canibalismo sexual siempre había sido explicado como un comportamiento basado en motivaciones nutricionales aunque el estudio revela que el escaso valor nutritivo de los machos apuntan a una conducta con el fin de evitar la hambruna extrema”, declara Wilder.

El científico sostiene que no todas las presas son igual de buenas para las arañas. Cuando una hembra decide cazar lo hace a costa de un precio energético considerable. En este sentido, Wilder dice que “los riesgos que afronta una araña y los gastos de energía durante el acecho de su presa son considerables. Invierte muchos nutrientes y encimas digestivas, además del tiempo que dedica a extraer los nutrientes de su presa”. De este modo, el hecho de comerse a un macho de su propia especie le resultaría una pérdida de tiempo a la hembra. El único caso en que el hambre puede llevar a la hembra a comerse al macho es en el de extrema necesidad a pesar de que la razón definitiva sigue siendo un misterio para la ciencia.
El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2019   |  www.elimparcial.es