21 de junio de 2021, 12:40:24
Opinión


El engaño de las FARC



Colombia vive estos últimos días de 2009 pendiente del rumor que apunta a un eventual proceso de diálogo en Europa entre representantes del Gobierno, por un lado, del ELN y las FARC, por otro. Ambas organizaciones narcoterroristas podrían haber conformado una especie de “trust del crimen” en pos de lograr una mayor posición de fuerza frente al Ejecutivo de Uribe. Pero detrás de ello no hay sino más de lo mismo. Conviene recordar que las FARC retienen a políticos y empresarios secuestrados selectivamente, pero también retiene a militares capturados en acciones armadas. Y algo particularmente indecente; la llamada “pesca milagrosa”, que consiste en efectuar secuestros indiscriminados, por ver si había “suerte” y alguno de los apresados tenía bienes o responsabilidades importantes.

Quien así ha actuado durante toda su vida no es fácil que cambie radicalmente de la noche a la mañana. Menos aún sabiendo que sus vecinos Chávez y Correa, así como también Evo Morales y Daniel Ortega, sienten hacia ellos algo más que una declarada simpatía. No están solos, aunque el apoyo -en el caso de Chávez, incluso financiero- que se les brinda es más pragmático que ideológico. En efecto, el mandatario bolivariano y sus acólitos ven al presidente Uribe como el enemigo a batir, y las FARC son un elemento de desgaste perfecto. Mientras subsistan, Colombia no alcanzará la estabilidad definitiva; de ahí su apoyo. Porque, ideológicamente, hace mucho tiempo que las FARC perdieron el norte -si es que alguna vez lo tuvieron- en detrimento de sus negocios con la cocaína. Secuestran y trafican con drogas, nada más. Pero es precisamente ahí donde radica su debilidad, pues la falta de un horizonte político, amen de los últimos golpes infligidos por las autoridades colombianas, han hecho que muchos de sus miembros deserten, viendo que su existencia no era más que un continuo delinquir en pos de un ideal inexistente. Con todo, hay que felicitarse por los últimos signos de debilidad de las FARC, aunque, al mismo tiempo, se entiende la prudencia del gobierno colombiano, a la hora de dar paso al optimismo. Es comprensible. Saben de lo que son capaces las FARC. Al menos, parece que la senda que, en su momento, marcó el presidente Uribe empieza a dar sus frutos.
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