6 de diciembre de 2019, 0:27:09
Deportes

prohibiciones y sanciones


¿Dónde es más seguro ir a un estadio de fútbol?


Los episodios de violencia en las gradas de los estadios han azotado la imagen del fútbol mundial. La sensación de inseguridad tras catástrofes como la de Heysel de Bruselas en 1985 y los incidentes racistas de los últimos tiempos, han provocado el aumento en las medidas de seguridad de los coliseos futbolísticos. El Imparcial analiza la situación de los aficionados en los estadios de las ligas más representativas, las diversas prohibiciones y las sanciones más llamativas que han sufrido los clubes por el mal comportamientos de sus hinchas.



El fútbol es el deporte de masas por excelencia en Europa. Cada semana miles de aficionados acuden a los diversos estadios repartidos por la geografía mundial. La repercusión de este deporte atañe a millones de hinchas. Cada resultado, victoria o derrota, se trasmite en tiempo real con la tecnología audiovisual más avanzada. La importancia de las grandes competiciones se refleja en la pasión que los aficionados imprimen al juego cuando acuden a los coliseos. La tensión del césped se transforma en ocasiones en violencia entre aficiones.

La FIFA y la UEFA han otorgado cada vez más importancia a proteger la imagen del deporte y controlar los comportamientos violentos o racistas en el fútbol, tanto dentro como fuera del campo. Tras los años de descontrol federativo y de los organismos y clubes de fútbol, que provocaron catástrofes que han quedado grabadas en las memoria de los espectáculos deportivos, el mundo del balompié ha comprendido que para preservar la salud del juego se debe tomar conciencia de las carencias del sistema y poner remedio a las lagunas legales que permitían a los vándalos campas a sus anchas en los estadios, complicando la vida a los aficionados que acuden con el único fin de animar y disfrutar del espectáculo.


Las grandes ligas europeas han tomado cartas en el asunto con plena disposición a partir de la infausta década de los 80. En aquellos 10 años acontecieron tres sucesos terribles que sacudieron los cimientos del fútbol británico. El 11 mayo de 1985 murieron 53 personas y más de 200 resultaron heridas al incendiarse la tribuna principal del estadio británico de Bradford City, en un encuentro de tercera división. El 29 mayo de 1985, poco antes de la final de la Copa de Europa en el estadio Heysel de Bruselas, 39 personas murieron y 117 resultaron heridas graves tras los incidentes provocados por hinchas del Liverpool, equipo que se enfrentaba al Juventus de Turín (este acontecimiento provocó un movimiento de repulsa muy intenso hacia el “hooliganismo” inglés). Por último y cerrando la infame década, el 15 abril de 1989, en un encuentro Liverpool-Nottingham Forest que se disputaba en el estadio Hillsborough de Sheffield, una multitud de aficionados forzó una de las puertas e invadió los graderíos, se produjeron 95 muertos y 170 heridos.


Tras estas catástrofes que permanecerán como un ejemplo de la barbarie en los estadios de fútbol, el estado inglés –con Margaret Thatcher a la cabeza- en colaboración con la policía y la federación inglesa de fútbol, acordó el diagnóstico y la corrección del mal que había aislado a su deporte a nivel europeo: los hooligans. El llamado Informe Taylor (año 1989) concreto 43 medidas de seguridad para cambiar la atmósfera del fútbol de las islas británicas de raíz. La decisión más relevante fue suprimir las alambradas en los estadios y convertir las gradas de cemento –que obligaban a los hinchas a permanecer de pie- en tribunas completamente acondicionadas con asientos. Además se idearon formas de mejora de la evacuación de los recintos deportivos en caso de urgencia, se prohibió la venta de entradas en el estadio el mismo día de partido, priorizando la venta de abonos de temporada, y se creó la figura del “steward”, personas capacitadas para manejar masas de gente que sustituían a la figura represiva del policía.

Este informe –piedra angular de la moderna seguridad en los estadios- fue el pionero en la identificación de los grupos ultras que acceden al fútbol. En el texto se indica la posibilidad de establecer un registro de hinchas para tener un mayor control y se obliga a instalar videocámaras para registrar y guardar todo lo que ocurre en las gradas. Incluso el Estado reservó buena parte de sus fondos para la remodelación de todos los estadios ingleses. Los efectos de esta amalgama de medidas ha provocado la ausencia casi total de conflictos en los estadios británicos, la erradicación del mal del “hooliganismo” y el lavado de imagen de la Premier League, considerada la más prestigiosa en la actualidad.

Este conjunto de medidas fueron adoptadas por el resto de ligas europeas casi en su totalidad con estricta seriedad. En Italia, la competición con más sucesos violentos relacionados con el fútbol, se han aplicado métodos de control desarrollados sobre la base del Informe Taylor. La “tessera dei tifosi” o carnet del hincha es la última medida aplicada en cuanto a identificación. El club debe presentar una base de datos de sus aficionados a la federación italiana de fútbol, con el fin de controlar los actos problemáticos y castigar sin problemas de identificación a los culpables. El país transalpino ya tomó la decisión de vender entradas nominales. El método inscribe en el ticket el nombre completo del aficionado y su lugar y fecha de nacimiento. Esto ha provocado el descenso en los disturbios del fútbol transalpino.


Tras los incidentes provocados por los hinchas del Nápoles en la estación romana de Termini a comienzos de la temporada pasada, el club campano vio como la Liga cerró uno de los fondos de su estadio y prohibió a los tifosi de su club acudir a los partidos que el Napolés juegue fuera de casa. La medida se aplicó también a nivel nacional, provocando la imposibilidad de comprar una entrada a aficionados que no fueran originarios de la región en la que se disputara el encuentro. La dureza de los organismos deportivos italianos ha conseguido mermar la actividad delictiva de los aficionados radicales, una de las principales razones de la baja asistencia de público. El Observatorio para la Manifestaciones Deportivas (nacido tras la muerte el 2 de febrero de 2007 del inspector de policía Filippo Raciti con motivo de los incidentes protagonizados durante el derbi siciliano liguero Catania-Palermo) decretó la implantación del decreto Pisanu a la liga sin excepción. Entre las medidas adoptadas se encuentra la prohibición total de las relaciones económicas entre los clubes y sus aficionados.

En nuestro país se ejerce el control de los estadios con menos dureza ya que la historia delictiva de nuestros ultras es más reducida que en Inglaterra e Italia. Las prohibiciones más representativas en los estadios españoles son: “introducir pancartas, símbolos, emblemas o leyendas que impliquen una incitación a la violencia, queda prohibida la introducción de toda clase de armas e instrumentos arrojadizos, la introducción y venta de toda clase de bebidas alcohólicas, la introducción de bengalas o fuegos de artificio, se prohíbe la entrada a aquellas personas que se encuentren bajo los efectos de bebidas alcohólicas, estupefacientes, psicotrópicos, estimulantes o sustancias análogas, se prohíbe la entrada a las personas sancionadas con prohibición de acceso a cualquier recinto deportivo en tanto no se haya extinguido la sanción”.


En Francia se ha planteado la inclusión de policías infiltrados entre los aficionados para ejercer un control más directo. La medida permitiría la potestad al policía de detener al ultra una vez fuera del estadio, si lo creyera oportuno. El país galo ha sufrido también la sinrazón de la violencia entre hinchas, con graves enfrentamientos en 2007 en los encuentros Saint-Etienne-Lyon y Sedan-París Saint-Germain. La colaboración de los Ministerios de Interior, Justicia y Deportes estableció la prohibición de introducir bengalas u otro tipo de proyectiles generadores de humo a los estadios, actividad ya prohibida en España.

En Alemania las medidas coercitivas en el fútbol están encaminadas a paliar la presencia de grupos racistas radicales en los estadios. El Werder Bremen decidió en 2008 ejercer el “derecho de admisión" de los clubes, otorgado por la Federación Alemana de Fútbol y no dejar entrar a 8 neonazis que trataron de desplegar una bandera del Tercer Reich en el partido contra Bochum. En Brasil, Lula da Silva explicó que la medida que adoptará el fútbol carioca para asegurar la seguridad de los hinchas será separar dentro del campo a los ultras, es decir, colocarles en áreas distantes del estadio.

Finalmente, los máximos organismos del fútbol europeo y mundial han tratado de ejercer el máximo control en las competiciones de las que son responsables directos, el Mundial y la Eurocopa. En dichos torneos se implementen medidas especiales y prohibiciones específicas para preservar la buena imagen del balompié en espectáculos que van a ser vistos por un público potencial de millones de espectadores. En la Eurocopa ganada por España en 2008, se impuso la prohibición de introducir banderas de dimensiones mayores a 2 metros o con astas superiores al metro, ni mochilas o maletas de gran tamaño que no quepan bajo los asientos de los estadios. Para desplegar pancartas gigantes se debía pedir permiso a la organización del evento en días anteriores. Además quedó terminantemente prohibido introducir gorras o banderolas que luzcan una publicidad que no se corresponda con la de los patrocinadores oficiales de la Eurocopa, al igual que cualquier tipo de megáfono o bocina. Incluso la prensa sufrió algunas restricciones de “seguridad” en el Mundial de Alemania 2006. La FIFA decidió prohibir la difusión de imágenes de los partidos hasta pasar dos horas de la finalización de los mismos. Finalmente el organismo rector del fútbol mundial tuvo que ceder ante la libertad de prensa.


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