21 de octubre de 2019, 19:30:48
Opinion


Lo peor está por llegar

William Chislett


España vive una situación surreal. Con una tasa de desempleo cercana al 20% y en el primer lugar en el nuevo Índice de Miseria de la agencia de rating Moody’s (una combinación de la tasa del desempleo y un déficit fiscal del 10% del producto interior bruto), los españoles tiene que sentirse al borde del desastre. Pero no es así, o, al menos, no es una percepción común. ¿Como se explica que España esté sufriendo más “miseria” que Irlanda y Grecia (que sí están en una situación gravísima) pero cuando uno viaja por el país la realidad parece otra?

Aunque es difícil creerlo, muchos de los 18,8 millones de ocupados viven mejor que antes de la crisis – la mayoría no han sufrido recortes en sus sueldos y los muy bajos tipos de interés han abaratado los pagos de sus hipotecas mensuales sustancialmente – y la mayoría de los 4 millones de desempleados siguen recibiendo subsidios de un tipo u otro o se benefician del programa de obras públicas o de la ayuda de la red de su familia (algo que no ocurre con mucha frecuencia en mi país). Gracias, en particular, a los bajos tipos de interés, hay bastantes trabajadores con algo más de liquidez cada mes. Y los pensionistas recibieron un aumento del 2% en enero del 2009, muy por arriba de la tasa de inflación.

A diferencia de 1993, cuando España sufrió su última recesión, la crisis de hoy es la de un país mucho más rico (el ingreso per capita en términos del poder adquisitivo casi dobló a $30,589 entre 1993 y 2009, según el Fondo Monetario Internacional) y el sistema de bienestar está más desarrollado que hace 17 años. Es mera evidencia anecdótica, pero a mi me llama la atención que ahora hay menos personas en los semáforos pidiendo limosna, a pesar de la llegada de más de 5 millones de inmigrantes desde 1993.

Pero, ¿para cuanto tiempo más puede durar esta situación? José Luis Rodríguez Zapatero, el eterno optimista, ha vaticinado la vuelta inminente al crecimiento de la economía, tras calificar 2009 como uno de los años más difíciles de la historia reciente. A su juicio, el país crecerá a partir de ahora de otro modo, porque se acometerán las reformas precisas para aumentar la competitividad, renovar el patrón productivo, mejorar el mercado laboral y ganar en el terreno de la innovación.

Vive en las nubes. La ley de economía sostenible está lejos de ser una panacea, como comenté en mi penúltima columna. Y justamente cuando la gente piensa – si es que creen en las palabras de su presidente – que la economía va por mejor camino porque supuestamente lo peor ha pasado, el Gobierno no tiene más remedio que subir los impuestos este año y cortar considerablemente el gasto público. Si no, ¿cómo va a reducir el déficit fiscal del 10% del PIB en 2009 y tal vez igual este año al 3% en 2013, el limite establecido en el Pacto de Estabilidad para la Unión Europea?

El crecimiento económico en España seria muy bajo en los próximos años –lejos del promedio de 3,5% durante los 14 años antes de la crisis y de su tasa potencial de crecimiento (cercana al 3%) – y la tasa del desempleo tardará años en reducirse al nivel de 8% en 2007, antes de la crisis.

En algún momento, y nadie sabe cuando, el Banco Central Europeo, empezará a subir los tipos de interés y esto aumentará el coste de las hipotecas en los países de la zona euro, como España. Y las medidas fiscales de los gobiernos no van a durar para siempre. Encima, más y más desocupados van a perder sus subsidios que tampoco son para toda la vida. Así que este va a ser un año muy complicado, económica y políticamente, y ni he mencionado el problema creciente de los morosos de los bancos y cajas.
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