26 de octubre de 2021, 15:59:15
Opinión


El papel educador de la televisión

Javier Cámara


Gloucester, en Massachussets, en Estados Unidos. Allí, 17 amigas adolescentes de un mismo colegio decidieron, por el poco cuerdo motivo que sea, quedarse embarazadas a la vez. Esto, que sé que les suena a la polémica serie de televisión que se acaba de estrenar, por cierto, con gran éxito en una cadena en España, sucedió de verdad. Es algo que ha pasado y que, por tanto, puede volver a pasar.

Hace unos meses, supimos que el Ministerio de Sanidad tenía intención de castigar los anuncios en televisión de alimentos y bebidas dirigidos a menores de 12 años que promovieran la obesidad infantil. Trinidad Jiménez, como titular del ramo, preocupada por la salud de los menores, explicaba que el 18,6% de los niños españoles de entre dos y 17 años padece sobrepeso y que un 8,9% sufre obesidad. Destacó que hablamos de "una de las tasas más elevadas de los países europeos".

Al margen de consideraciones sobre si este régimen sancionador es excesivo (las multas por anunciar "comida basura" oscilarán entre los 6.000 y los 180.000 euros), o si se mete –una vez más– en la vida privada de las personas, o si así se solucionará el problema de la obesidad infantil en nuestro país, lo cierto es que dejó claro el poder que se otorga desde el Gobierno a la televisión como medio capaz de influir en los usos y costumbres de mentes todavía no formadas.

Así pues, volviendo a la famosa serie sobre ese "pacto", es lícito preguntarse si el Ejecutivo no ha valorado la posibilidad de sancionar un espacio televisivo dirigido a un público adolescente que, además, supimos que vieron 3.483.000 espectadores. La argumentación sería "perogrullesca": si sancionan un anuncio, por ejemplo, de hamburguesas porque piensan que puede incitar a adquirir hábitos de vida poco saludables entre los menores, ¿no tiene la misma lógica pensar en el impacto negativo que puede tener entre los más jóvenes una serie de estas características?

Ahora que se habla de la necesidad de un Pacto por la Educación en el que tanto la Administración como los profesores y los padres tienen que implicarse en cambiar un modelo que no está dando resultados, no hay más que ver que todos los informes (PISA, OCDE…) nos sitúan a la cabeza en fracaso escolar, ¿no sería un buen momento para revisar viejos códigos éticos?

Y digo yo: si tan preocupados estamos por nuestros chicos, ¿no sería bueno empezar por ver qué hábitos pueden influir en su educación? ¿Si un anuncio puede ser perjudicial, una serie lo es menos? ¿Qué criterios fija el Gobierno para regular esto? ¿Se respeta el código ético que firmaron la mayoría de las cadenas de televisión?

Creo que estamos todos de acuerdo en que la televisión nos muestra modelos de conducta que, repito, mentes todavía no preparadas pueden entender como algo curioso, e incluso divertido, que se puede llevar a la vida real, trivializando cuestiones fundamentales para su formación.

Desde que está en vigor el "Código de Autorregulación de la Publicidad de Alimentos dirigida a menores, prevención de la obesidad y salud, en 2005", se han retirado 68 anuncios y se modificaron otros 320.

Soy periodista, por tanto sospechoso de no titular con "sin embargos", y sin embargo creo que el Ministerio de Educación podría proponer algo al respecto de la labor educadora de la televisión en el esperado Pacto por la Educación. Señor ministro, yo tampoco soy liberal todo el tiempo.
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