25 de octubre de 2021, 2:23:09
Opinión


Honduras, al inicio del año

Sadio Garavini di Turno


La crisis de Honduras no ha terminado. Ha concluido su primera etapa. Ninguno de sus actores, internos y externos, ha quedado realmente bien librado. Al comienzo, fue el triunfo de la estupidez, Zelaya, apoyado por Chávez, quiso dar un “golpe desde el Estado”, como nos enseña Fernando Mires, al querer reproducir la franquicia chavista de reformar inconstitucionalmente la Constitución, para permitir la reelección presidencial, pero a diferencia de Chávez, Morales y Correa, lo quiso hacer al final del mandato, con apoyo popular reducido y con todos los poderes del Estado en contra. Por otra parte, Micheletti y sus aliados, con el control de todos los poderes del Estado, las Fuerzas Armadas y el mayoritario apoyo popular, en cambio de enjuiciar a Zelaya legalmente, se les ocurre defenestrarlo “nocturnamente”, proyectando la imagen de un golpe de Estado tradicional. La OEA y su Carta Democrática Interamericana quedaron “heridas” gravemente. Si no pudieron ser eficaces, ni siquiera en uno de los países más débiles del hemisferio, contando con la voluntad unánime de los miembros de la organización ¿Cuándo van a poder ser eficaces? La Carta debería ser reformada para tomar en cuenta también los “golpes desde el Estado” y no sólo los tradicionales. Las aspiraciones de liderazgo regional de Brasil se debilitaron con una actuación diplomática fracasada y “heterodoxa”. Se le permitió a Zelaya transformar la embajada de Brasil en su cuartel general y después en sede de una especie de arresto domiciliario. México es culpable de una no muy decorosa omisión, en una región donde ha tenido tradicionalmente una presencia relevante. El fracaso del acuerdo promovido por Shannon, festejado, prematuramente, como un gran éxito, por la Señora Clinton, también dejó a los EEUU mal parados. Para Chávez fue una evidente derrota. Honduras sale del Alba y queda evidenciada la manifiesta política intervencionista de Chávez en el hemisferio. Los vecinos de Honduras: El Salvador y Guatemala han tomado debida nota. Algunos observadores, como el intelectual mexicano Jorge Castañeda, en un reciente artículo en el País de Madrid, piensan que Micheletti fue el ganador de la contienda, ya que logró su objetivo de llegar a las elecciones, sin reinstalar a Zelaya, a sabiendas de que inevitablemente el nuevo gobierno será progresivamente reconocido por la mayoría de la comunidad internacional. Sin embargo, Micheletti sólo ganó una batalla. La guerra continúa. La izquierda radical en Honduras había tenido una presencia marginal en el espectro político. Honduras es un país con una deuda social muy relevante y grandes masas marginales, si el Presidente Lobo y los sectores dirigentes no entienden que no se le puede dejar la bandera del cambio y de la necesaria reforma a Zelaya y a la izquierda radical, corren el riesgo de ver aumentar seriamente el apoyo popular a estos grupos. Particularmente, porque la población “endosará” la actual difícil situación económica al gobierno y a los fautores del “golpe de Estado”. De todos los actores de esta crisis el que quedó menos mal fue el Presidente Arias de Costa Rica. Propuso la solución más sensata, para los intereses de la población hondureña y del sistema hemisférico y cuando fracasó, por la “infinita estupidez humana”, como diría Einstein, entendió rápidamente que el mal menor era reconocer al gobierno Lobo, fruto de elecciones libres, aunque organizadas por un gobierno de facto. En fin de cuentas, así terminaron casi todas las dictaduras del continente. OE
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