28 de julio de 2021, 6:02:37
Opinión


La Catedral

Antonio D. Olano


Próximamente se va a imponer la boina, una prenda de raza española, a un español al que los que vamos a rendirle homenaje y al que calificamos “de pura raza”. Los convocantes llegan mucho más lejos en su calificación y aseguran que es “una especie a extinguir”.

En determinadas y no abundantes ocasiones las ciudades recuerdan el nombre y hasta los apellidos de los que participaron en la construcción de sus monumentos. En este Año Santo compostelano todos recordamos al maestro Mateo. Sin embargo son muchos los colaboradores de estas obras monumentales que se han perdido en las perezosas memorias.

No ocurre esta penitencia del olvido con Justo Gallego al que le place que se escriba detrás de su nombre “albañil y artesano”. Como Juan Palomo él se ha guisado y él se come, su colosal monumento: la catedral de Mejorada del Campo que tras muchas décadas de trabajo ha entrado en su última fase de construcción Justo Gallego es el autor de todo el proyecto. Pero, además es el albañil, el artesano y el artista de una obra, de una iluminación, que trascendió al universo mundo.

No hay nadie que ignore la presencia de esta catedral debida al sueño de un hombre sencillo que a puesto todo su talento, su trabajo, al servicio de su obra maestra que le ha dado notoriedad por cierto justa y justificada.

Justo Gallego, al revés del coronel de la novela, sí tiene quien le escriba. Su biógrafo se llama Luís Cepeda que además de ser número uno en el enrevesado mundillo de la crítica gastronomita, sabe y mucho por cierto de gastronomía. Y es un excelente narrador que, como don Ramón Maria del Valle-Inclan, se fue a México en donde escribió sus propias “sonatas”. Nadie más indicado que ese personaje, sobre el que hay mucho y bueno que escribir, para acercarnos a la figura de Justo Gallego y desvelar el misterio de las catedrales. Cepeda es el organizador de las jornadas de los pinchos de Valladolid. Y, a partir de este mismo año reunirá en Madrid a los principales cocineros de tapas, a todos los que van a venir desde todo el mundo.

Solamente una mujer, la que impone la boina, puede figurar en la reunión de los “boineros”. Coronara a Justo Gallego Susana Adalid, autora de las replicas del “mejor monumento del Siglo XX”.

Casi por primera vez acudirán los de la boina a su reunión que, excepcionalmente, ofrecerá un pantagruélico menú al mediodía en “Currito” de la Casa de Campo madrileña, sé servirá el fruto de la clásica matanza. (el hombre celebra cada año el sacrificio de uno de los mejores y leales amigos: el cerdo).

El Menú
“Txarriboda” estará compuesto por aperitivos Txarri. Alubias de gernica con breza y sus sacramentos. Manitas de cerdo.

Un genio español, Edgar Neville, solía concluir estas interminables calabriadas, levantando su copa rebosante de champagne francés, naturalmente, y brindando así:

¡Por la apoplegia hacia Dios!
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