16 de noviembre de 2019, 0:51:40
Opinion


Reloj que marca la hora

Antonio D. Olano


Decíamos ayer…. me he tomado unas vacaciones navideñas con la nominación de sabáticas. Un recorrido por la geografía iberoamericana que significó para mí el reencuentro con lugares queridos y conocidos a los que, según Gabriel García Márquez no debería volver el que se sorprendió por vez primera con su encuentro. Según el gran escritor colombiano no se debe volver a los lugares que nos entusiasmaron. Es decir: la ilusión no merece el mal pago de la decepción. Sin embargo nadie puede descartar la nostalgia que a veces es todo lo que nos queda de las cosas agradables.

Constituye para muchos una decepción volver a Cuba que yo había conocido hace muchos años de los que el mejor recuerdo lo formaba mi esperanza de que el “gallego” Fidel Castro devolviese la justicia a los cubanos reos, corderos sacrificados por otras dictaduras. Hoy compruebo que al que fue la encarnación de la esperanza, Fidel Castro no sólo lo dejaron solo si no que las exigencias norteamericanas quisieron mostrarlo como cruel fiera y no supieron que la dignidad o el amor propio del león enjaulado puede producir efectos contrarios a los que se desea.

Hoy Fidel goza de una mala salud de hierro. No ocurre lo mismo con su pueblo al que de alguna manera conducen a una inútil defensa numantina. Fidel cuya inteligencia es incuestionable, sabe que su dictadura se asienta sobre arenas movedizas. De alguna manera intenta la casi imposible fuga en la jaula. ¿Perversidad? Personalmente creo que nadie la ejercería a sabiendas de que las victimas propiciatorias serian la totalidad de la hermosa gente que habita la isla más española del tan castigado Caribe. Dicen que la esperanza es lo último que se pierde. En Sierra Maestra viviendo junto a los revolucionarios la que se perfilaba como la más bella aventura del siglo XX fui testigo del sacrificio, de la fe y de la seguridad en sí mismos y en él pueblo del que formaban parte los fidelistas.

El reloj de la historia marca las horas. Como las hojas unas muertas y otras con brotes de vida.

De mi periplo americano conservo el recuerdo de las recientes tragedias ecológicas, y desgraciadamente humanas, que me ha tocado vivir en Brasil. Y más recientemente, aunque no soy testigo presencial, de lo que se veía venir sobre Haití triste herencia francesa, una nación so juzgada por la familia Duvalier. Tras la tragedia se pone en duda la existencia de esa esquina pobre dominicana. La pregunta del millón es si debería existir como tal nación.

El fracaso de la reunión de los gerifaltes reunidos en Dinamarca trajo, y desgraciadamente seguirá trayendo esta y muchas tragedias mas.
Continuare refiriéndome a parecidos e importantísimos temas. Mientras tanto tratare de tomar tierra en la todavía capital de España. Ayer, en la reunión mensual de los amigos Julio Camba, felicitábamos a uno de sus componentes por que la “Antigua relojería de la calle de la Sal” ha cumplido los 130 años de vivencias y supervivencias. Su motor y propietario, Ángel Manuel García es uno de los referentes mas importantes del madrileñismo. Ha explicado que en ese tiempo se vendieron más de siete millones de relojes en su establecimiento. Hoy en día no se arreglan si no que se sustituyen.

En el número dos de la calle de la Sal, en la fachada exterior se exhibe un dibujo de Antonio Mingote representando a un antiguo relojero. Por cierto que Mingote, que preside a los “cambistas” que se reúne en “Casa Ciriaco” a cumplido 91 jóvenes años. Todos los ayer reunidos le dedicaron una cerrada ovación. Feliz mente el genio continua vivito y trabajando como en el es costumbre.

Su reloj sigue marcando importantes horas de la Historia de España
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