7 de diciembre de 2019, 16:29:14
Cultura

Repaso a una técnica pictórica en auge


El enigma del autorretrato: pintores atrapados en sus lienzos


El autorretrato como técnica pictórica ha dejado algunas de las obras más importantes de la historia del arte, no sólo por la calidad de lo dibujado sino por su intensidad psicológica. Tras su auge en el Renacimiento, han sido muchos los artistas que se han pintado a sí mismos. Pero, ¿por qué? La identidad, la individualidad o la búsqueda de cualidades morales son algunas razones.


El estudio de la fisonomía en el arte evolucionó desde los primeros grabados en monedas hasta la escultura y la pintura. Fue en el Renacimiento cuando el retrato y el autorretrato alcanzaron su clímax. Como si de un espejo se tratara, artistas como Durero, Tiziano, Da Vinci o Rafael se enfrentaron a un lienzo en blanco en el que interpretaron sus rasgos y su personalidad. La búsqueda de la expresión psicológica y de la dualidad entre el autor y su pintura significó un punto de inflexión en las técnicas pictóricas, hasta llegar a convertirse en una habilidad propia de los grandes maestros. Algo de lo que da cuenta la extensa obra sobre esta materia de Rembrandt, Goya o Van Gogh.

Pese a que el autorretrato evoca la imagen de un busto enmarcado, lo cierto es que en un principio los artistas optaron por dibujarse en grupo. Lo hizo Piero de la Francesca en La resurrección de Cristo tumbado dormido a los pies de Cristo; Rafael en La escuela de Atenas, donde se dibujó en una esquina como Apeles; y Boticelli en La Adoración de los Magos.

Hasta el auge del Renacimiento y del interés por el humanismo y la individualidad, la técnica del autorretrato había permanecido aletargada. La inserción de personajes contemporáneos en las pinturas y de los propios rostros de los artistas les llevó a centrar su atención en su propia fisonomía hasta llegar a individualizarla. Tiziano, Rafael o Da Vinci lo hicieron. No así su compatriota Miguel Ángel, quien nunca se autorretrató.

Impulso definitivo
Con la llegada del Barroco, esta técnica terminó de asentarse. Inspirados en la destacada obra de Alberto Durero (1471-1528) en la materia, artistas como Rembrandt o Velázquez revalorizaron la intensidad del sujeto independiente. El holandés se representó con tanta dedicación que su serie de pinturas sobre sí mismo conforman una parte fundamental de su obra. El español también lo hizo, aunque no con tanta profusión. Pese que se cifran en diez los autorretratos que pintó, lo cierto es que todavía genera dudas a quién representó en realidad. Pero si a Velázquez se le puede poner cara es gracias a Las Meninas, donde se pintó con la mirada directa al espectador en un gesto de reivindicación del lienzo.

Artistas del neoclasicismo como Ingres o Jacques-Louis David cuentan con pinturas sobre sí mismos, como también los románticos Delacroix y Gericault. De la misma manera que lo hizo Goya y, además, con brillantez. Como otros artistas, el pintor zaragozano se autorretrató con una carga de intimismo que dio el impulso definitivo a la expresión psicológica de esta técnica.

A todos ellos les sucedieron artistas como Manet, Pisarro o Cézanne, figuras claves del impresionismo, y que no faltarían a su cita con el autorretrato. Fue con esta corriente artística con la que la técnica se reavivó y a partir de la que Van Gogh sentó un precedente más con su extensa obra dedicada a ella. Su aportación fue retomada por los artistas que le sucedieron. Así, representantes del cubismo, surrealismo y arte abstracto también llevaron a cabo este particular ejercicio de análisis.

La respuesta a por qué artistas de todas las épocas han tenido la necesidad de pintarse continúa siendo un misterio. Desde el Renacimiento hasta hoy, pintores de toda índole han querido representarse en un intento por indagar en su propio trabajo como testigos privilegiados de un proceso creativo detenido en el tiempo.

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