26 de febrero de 2021, 22:40:32
Cultura

dirigida por clint eastwood


'Invictus' o cómo Mandela salvó Sudáfrica


En la última década Clint Eastwood no ha parado de dar lecciones de cine desde su sillón de director y su nueva película, "Invictus", es una más pero no sólo en el ámbito cinematográfico, sino en el político, en el social y en el de la vida en general.


Clint Eastwood ha contado para este filme con una serie de elementos atractivos: una sólida historia real y bien contada por John Carlin en su libro; un personaje carismático y respetado, el líder sudafricano Nelson Mandela; un deporte duro y que provoca admiración, el rugby, y, sobre todo, un país enfrentado por el color de la piel. Más que suficiente para hacer una película interesante pero que en manos de Eastwood ha pasado a ser algo más.

Lejos de ser manida o estereotipada, "Invictus" cuenta con veracidad y con solidez un episodio que marcó la historia de Mandela como político y que, probablemente, colaboró en gran manera a permitir la convivencia en un país tan duramente marcado por la tragedia.

Al ganar Mandela las elecciones, tras haber pasado 27 años en la cárcel por sus ideas políticas y por su lucha contra el racismo y la discriminación, se encontró con un país dividido por el color de la piel y por el odio que se profesaban las dos partes de la población.

Carlin narra en su libro un hecho que permitió a Mandela unir las separadas voluntades de negros y blancos: La Copa del Mundo de rugby que se debía jugar en Sudáfrica en 1995.

Ese es el episodio que Eastwood narra con pulso firme y la necesaria emotividad pero sin caer nunca en la lágrima fácil ni en la compasión innecesaria.

Una historia que se sostiene en el duelo interpretativo de Morgan Freeman como Mandela y de Matt Damon como François Pienaar, un afrikaner capitán de la selección sudafricana de rugby. Pero que cuenta con toda una serie de detalles que explican mucho de la personalidad de Mandela y de la realidad sudafricana de aquel momento.

Y que cuenta con una parte importante en la relación de los guardaespaldas de Mandela. El grupo de negros que llega con él al palacio presidencial y el de blancos que había servido hasta entonces al anterior presidente del país, Frederik de Klerk.

Estos personajes anónimos se convierten en un elemento esencial de una historia que sabe contagiar al espectador el deseo de todo un país y las ansias de paz de un solo hombre.

A pesar de que Eastwood no ahonda en la personalidad de Nelson Mandela, no es necesario para comprender a través de los gestos mimetizados de Freeman toda la dimensión del hombre y del político.

Una lección más de Eastwood, cuya carrera como director ha evolucionado vertiginosamente hasta convertirse en uno de los más sólidos del panorama cinematográfico actual.

"Invictus" se estrena mañana en España, Argentina y Brasil.

"El punto culminante de mi carrera"
Morgan Freeman vive "el punto culminante" de su carrera con el estreno de "Invictus", cinta en la que encarna "a un amigo" a quien lleva años soñando interpretar, el Premio Nobel de la Paz Nelson Mandela, quien es para el actor "un hombre cuyo carisma y humanidad son contagiosos".

El estadounidense compró los derechos del libro de John Carlin, "El factor humano", cuando el texto era tan solo un borrador en la mesa de una editorial y llegó por casualidad a sus manos. Ahora se ha convertido en su nuevo proyecto común con el cineasta Clint Eastwood, que llega mañana a las salas españolas.

Freeman ha encarnado para Hollywood al presidente de los Estados Unidos, al jefe de la CIA e incluso a Dios, pero el papel que lleva años anhelando es el del político surafricano Nelson Mandela, un hombre "de un vigor y un dinamismo envidiables. Tiene algo que te hace sentir especial cuando estas a su lado", apuntó en Madrid el actor.

"Mandela siempre quiso que yo le interpretara en el cine", explicó, "así que en nuestros encuentros observaba sus gestos, especialmente su mirada, su entonación y su sorprendente capacidad de escuchar por si algún día llegaba a ser él en pantalla".

Esta adaptación del libro de John Carlin se centra en los primeros meses de mandato de Nelson Mandela como presidente de Suráfrica, tras salir de la cárcel de máxima seguridad de Robben Island en la que había estado confinado durante 27 años.

La Copa del Mundo de rugby que acogió el país en 1995 fue el motivo perfecto para intentar unir a un pueblo que apenas sobrellevaba las heridas de un recién abolido apartheid -la separación racial que sufrió el país por parte de una minoría blanca durante buena parte del siglo XX-.

Mandela buscó a un aliado en el capitán de la selección, Francois Pienaar, al que da vida en la pantalla Matt Damon.

"Invictus" es un "ejemplo perfecto de cómo la épica sucede en la vida real de un modo mucho más perfecto de lo que el cine podrá hacerlo jamás -defiende Freeman-. Si un guionista hubiera planteado a un salvador como Mandela y una gesta como la de la selección de rugby surafricana todo el mundo hubiera pensado: 'Ah, ya está Hollywood con sus finales felices'".

La película, al igual que lo hizo Mandela, busca "ofrecer inspiración a la gente. Es una necesidad básica para el mundo en estos momentos", apunta Freeman, quien ya se puso ante la cámara de Clint Eastwood en "Sin perdón" (1992) y "Million Dollar Baby" (2004), por la que logró el Óscar al mejor actor secundario.

El héroe que actor y director conforman en "Invictus" es un hombre que cimenta su crecimiento personal en 27 años de encierro, el mismo hombre que, una vez llegado al poder, no conoce la palabra venganza y se obsesiona con enviar a su país un mensaje de reconciliación a través del deporte.

Esa inspiración tan necesaria para el intérprete estadounidense recae en el caso de su país en el presidente Barak Obama -asegura-, en quien sigue confiando un año después de su llegada al poder.

"No creo que nadie pueda evaluar su labor en tan poco tiempo. Heredó un país que se estaba desmoronando, donde la gente estaba perdiendo sus ilusiones y los ahorros de toda su vida. Y él no es un ser todopoderoso que pueda ejercer su voluntad de inmediato. Trabaja con mucha gente y sus propuestas dependen de mucha gente y necesitan tiempo", defiende Freeman.
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