20 de noviembre de 2019, 13:04:25
Opinion


Teoría de la conspiración

Enrique Arnaldo


Las renuncias del Ministro de Defensa venezolano Ramón Carrizález y de su esposa, la Ministra de Medio Ambiente, han vuelto a poner contra las cuerdas a Hugo Chávez, cada vez más ditirámbico y circunspecto. Dichas dimisiones deben reconocerse como actos de indudable valentía, pues tras abandonar a un sátrapa inmisericorde, vengativo y sanguinario se deja de dormir a pierna suelta. Bien es cierto que Ministros “muertos”, Ministros “puestos”. Siempre hay paniaguados dispuestos a inmolar sus principios por un carguete acompañado de coche oficial. La rueda sigue y, por muchas chinitas que se encuentre en el camino, Hugo Chávez hace oídos sordos a las caceroladas y se perpetúa a sí mismo.

El totalitarismo está umbilicalmente unido al mal gobierno. Le importan un pimiento rugoso los ciudadanos. Todo se somete a lo que el líder interpreta en sus sueños de grandeza, que se convierten en pesadilla para el pueblo. Resulta irónico que en Venezuela aún se proclame formalmente el principio democrático y que se celebren elecciones periódicas –dentro de unos meses, las legislativas- cuando el dictador ha machacado sin compasión toda posibilidad de alternancia.

Él es el salvador, salvapatrias, y libertador de la corrupción. Pero no tolera la mínima discrepancia o reproche. Aunque los días impares se revista de democratilla descamisado, en los pares asoma el plumero, todavía imberbe, y afirma ni más ni menos que “Exijo lealtad absoluta a un liderazgo” (sic).

Adhesión inquebrantable, inequívoca e incondicionada. Nada de medias tintas. Sólo es admisible el pacto de vasallaje que convierte a los ciudadanos en súbditos y sirvientes que le aparejan el aposento, cepillan su caballo y le aderezan la mesa. Si como escribió José Enrique Rodó “la multitud, la masa anónima no es nada por sí misma”, para el descamisado no hay más camino que instar su sumisión, voluntaria o forzada. Unanimidad a la búlgara bajo esqueleto de democracia popular.

Al déspota le molestan los espíritus libres que tienen la indecencia de hablar o de manifestarse con aviesas intenciones críticas. Las exclusivas fotonovelas admisibles son los propios discursos del Guía supremo. Al que incumple se le cierra la emisora manu militari. ¿Con qué desfachatez se mantiene la vestidura democrática en un régimen de censura previa? La más preciada de las libertades, la de expresión, ha sido primero retorcida, luego torturada y finalmente enterrada. Y aún saca pecho el bolivariano de hojalata ante un pueblo exhausto que soporta racionamientos, inflación galopante, represión, exilio, y que institucionaliza la delación.

Por supuesto de nada es responsable el autor de este estado de cosas, que juega a la que Popper denominó teoría conspiratoria de la sociedad según la cual la pobreza, el desempleo y hasta los huracanes son resultado de alguna perversa intención, de algún siniestro designio. En el caso del personaje, estos son Busch (padre e hijo), su discípulo Obama, el capitalismo, la banca internacional... (y la retahíla de siempre).
El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2019   |  www.elimparcial.es