22 de septiembre de 2021, 11:21:07
Opinión


La Celestina ejerce en el Congreso de los diputados

Alejandra Ruiz-Hermosilla


Los nacionalistas catalanes de Convergencia i Unió (CiU) se han arrogado el papel de Celestina en la Cámara baja mientras los protagonistas de la nueva tragicomedia española no se ponen de acuerdo ni siquiera en quién es Calisto y quién Melibea.

Tan acostumbrados como estamos a verlos ejercer de cortesana, haciendo arrumacos al mejor postor, sorprende contemplarlos en este nuevo papel de alcahueta parlamentaria. No sabemos si Zapatero ha contratado sus servicios para conquistar a Rajoy, si ha sido el líder de la oposición el que ha puesto precio a su mediación para lograr los favores del presidente del Gobierno o si los nacionalistas han actuado por iniciativa propia, como parece más probable, con la evidente esperanza de obtener alguna clase de pago por su gestión.

El caso es que Fernando de Rojas podría haber escrito, seis siglos después, otra Celestina a cuento del apoyo parlamentario que Artur Mas ha ofrecido al PSOE para cerrar una “hoja de ruta” contra la crisis y alcanzar un pacto de Estado, de las declaraciones de Durán i Lleida por las que “excepcionalmente sería capaz de aceptar como bueno” un pacto entre el PSOE y el PP si sirviese “para arreglar las cosas” y de la reunión discreta que el mismo portavoz de CiU en el Congreso ha mantenido con el líder “popular” en el despacho de Rajoy.

Es obvio que al partido en el Gobierno le interesa contar con tantos apoyos parlamentarios como sea posible en estos tiempos de grave crisis económica y de alegre “geometría variable” en la Carrera de San Jerónimo para no enfrentar en solitario la gestión de una situación que le ha desbordado y que está dañando muchísimo su imagen pública y su intención de voto según todas las encuestas. Es igualmente obvio que al PP le conviene mejorar su relación con los nacionalistas de cara a las próximas elecciones autonómicas en Cataluña, que podrían concluir con un gobierno de CiU apoyado desde fuera por los de Alicia Sánchez-Camacho como en el País Vasco hacen los de Antonio Basagoiti con el PSE, y también de cara a los comicios generales de 2012 -o antes- que confía en ganar, pero sin mayoría absoluta y con la necesidad, por tanto, del respaldo en el Congreso de un grupo minoritario, pero potente como es CiU. La cuestión está en cuál es el interés de los nacionalistas por que se celebre este pacto de Estado que una en una relación breve, pero intensa a Zapatero y a Rajoy.

Dice Durán i Lleida que un acuerdo PSOE-PP siempre perjudica a Cataluña y que no le gusta la idea, pero asegura que está dispuesto al sacrificio por el bien de todos. Los de CiU pretenden recuperar la imagen de partido político con sentido de Estado y se les ve el plumero porque el objetivo último de sus intrigas en el Parlamento no es otro que recuperar la Generalitat mejor pronto que tarde. Ser el artífice de un gran pacto entre las principales fuerzas políticas para sacar a España de la crisis económica es un cartel electoral más que jugoso por el que merece la pena convertirse en la Celestina nacional del siglo XXI. Ese es el collar que oro que ambicionan los nacionalistas catalanes por más desinteresados que quieran parecer. Menos mal que la política ni es literatura ni tiene moraleja, que si no en esta obra también acabarían todos muertos. Políticamente muertos, claro.
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