22 de abril de 2019, 4:12:24
Opinion


MONTILLA, CAROD ROVIRA, IBARRECHE, VIDAL-QUADRAS

Luis María ANSON


Hay días en que los artículos se hacen fáciles si se quiere escribir al aire libre. Las torticeras apetencias de Montilla, Carod Rovira, Mas, Ibarreche, los secesionistas gallegos y otros personajes de parecido pelaje han quedado al descubierto en la espléndida conferencia pronunciada en Valencia por el vicepresidente del Parlamento europeo, Alejo Vidal-Quadras.



     Dijo el gran político: “El Estado de las Autonomías tal como se concibió en 1978, como el resultado de un proceso abierto desplegado mediante el principio dispositivo y perfilado por la jurisprudencia del Tribunal Constitucional, confiando siempre en la buena fe y en el sentido de la medida de los partidos nacionalistas, no ha producido el resultado apetecido y su fin primordial no ha sido alcanzado. En definitiva, el intento ha fracasado. La prueba conclusiva e incontestable es el nuevo Estatuto de Cataluña, descarado monumento a la inconstitucionalidad y fuente contaminante de los otros seis reformados hasta ahora en su estela. Procede, en consecuencia, cambiar de enfoque, de estrategia y de método de trabajo. Seguir operando en la creencia de que todavía es posible que los nacionalistas desistan de su empecinamiento en liquidar a España como Nación y en dinamitar el ordenamiento constitucional vigente es alimentar en vano una quimera. A partir de aquí, la fórmula de gobernabilidad empleada en 1993, 1996, 2004 y 2008, es decir, la articulación de acuerdos parlamentarios estables o de geometría variable entre partidos nacionalistas y el gran partido nacional ganador de las elecciones en situación de mayoría relativa en el Congreso, no será posible en 2012 porque el Estado diseñado por la reforma constitucional encubierta que estamos padeciendo será políticamente ingobernable y económicamente insostenible”



     Coincide Vidal-Quadras con lo que Ortega y Gasset, primera inteligencia del siglo XX español, le dijo a Manuel Azaña en el Congreso de los Diputados. La voracidad de los partidos nacionalista no tiene límites. Absurdo confiar en ellos.
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