20 de octubre de 2019, 2:31:32
Opinion


La crisis, según Stiglitz

William Chislett


Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía, ha escrito el mejor libro sobre la crisis financiera. Free Fall: Free Markets and the Sinking of the Global Economy (Caída Libre: Mercados Libres y el Hundimiento de la Economía Global), publicado por Allen Lane (Londres), es una devastadora y apasionada exposición de las raíces de la crisis y una apasionada llamada a las reformas profundas, y no de maquillaje como han sido muchas hasta ahora, sin las cuales Stiglitz cree que habrá crisis sistémicas similares en el futuro. Es una historia de avaricia, engaño e hipocresía, centrada esencialmente en el capitalismo al estilo americano. La única mención de España es a su burbuja inmobiliaria y a su fuerte regulación bancaria que ha permitido a los bancos aguantar la crisis mejor que los bancos americanos (al menos hasta ahora).

Los principales malos de la película son los banqueros y un mercado financiero que en vez de “gestionar riesgo, asigna capital y moviliza ahorro, … creó riesgo, repartió mal el capital y fomentó un endeudamiento excesivo.”

El libro, escrito de una manera amena y con verdadera indignación moral, empieza en los años 80, la década de la desregulación y las privatizaciones, y el nombramiento por Ronald Reagan de Alan Greenspan que reemplazo a Paul Volker como presidente de la Reserva Federal, el banco central de los Estados Unidos. Greenspan permitió durante su mandato de 18 años la proliferación de los denominados derivados financieros (en palabras de Warren Buffet “armas financieras de destrucción masiva”) que permiten obtener una mayor ganancia, pero también una pérdida más grande si el activo subyacente cambia de tendencia de manera imprevista, y que fue una de las causas de la crisis. También relajó demasiado la política monetaria (tipos de interés muy bajos) y permitió una ligera regulación de los bancos, dando lugar a la crisis de las hipotecas subprime (orientadas a clientes con escasa solvencia, y por tanto con un nivel de riesgo de impago superior a la media del resto de créditos). Fue famoso por llamar la atención sobre la “exuberancia irracional” en 1996 (11 años antes del inicio de la crisis), sin hacer nada para evitarlo.

Estas políticas eran muy al gusto de Wall Street y su coste ha sido altísimo en términos de recesión y destrucción de empleo en gran parte del mundo. Mientras Greenspan ha caído en desgracia, el octogenario Volker ha regresado al centro del debate como director del Consejo para la Reconstrucción Económica de Barack Obama.

Stiglitz compara su trabajo al de “pelar una cebolla” porque la crisis tiene muchas capas. No sólo es un gran economista sino, como antiguo economista jefe del Banco Mundial (1997-2000), ha vivido muy de cerca crisis económicas en varias partes del mundo. Ha ganado fama criticando el impacto de las recetas de las instituciones internacionales hechas por los “fundamentalistas de libre mercado”, hasta que el Secretario del Tesoro de los EE.UU, Larry Summers (hoy trabaja para Obama), forzó su dimisión.

El autor es simpatizante de Obama pero se siente decepcionado por su actuación, acusándole, con razón, de ser demasiado complaciente con Wall Street, entre otras razones por estar rodeado de demasiadas personas identificadas con los errores del pasado y con los intereses de los banqueros, y demasiado poco preocupado con Main Street (la gente corriente), aunque esta actitud está empezando a cambiar.

Hablando de la ayuda para la industria automotriz, Stiglitz critica la doble moral de la administración de Obama: “los trabajadores con ingresos bajos que han trabajado duro durante toda su vida y no han cometido un solo error deberían tener un recorte salarial, pero no los financieros que ingresan más de un millón de dólares que han llevado el mundo al borde del desastre financiero”.

Stiglitz es muy astuto en su análisis de los errores, pero bastante impreciso en los remedios para la peor recesión desde la Gran Depresión de 1929. Dice que “el capitalismo no puede funcionar si las recompensas para los individuos no están relacionadas con restituciones para la sociedad.” Uno de los retos es reconciliar ambos elementos de la manera más justa y eficaz.
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