9 de diciembre de 2019, 9:47:24
Opinion


Novedad bibliográfica: una Historia del Sudán occidental

Víctor Morales Lezcano


De un tiempo a estos días de la fecha, he venido intercalando en las páginas de El Imparcial la necesidad de plantear las causas de la escasez de bibliografía escrita en España (y Portugal) sobre muchos países (naciones), regiones geopolíticas y áreas culturales definidas. Una bibliografía que trascienda los horizontes y la problemática propias del mundo ibérico, e incluso la atinente a las relaciones que este mundo ha sostenido y sostiene con diversos referentes internacionales en la actualidad.

Algunos pasos adelante, sin embargo, se han dado en este proceso de nacionalización de la génesis historiográfica made in Spain. Tal es el caso -que en nada me es ajeno- del Magreb y, a la larga, del orbe árabe y turco. La región magrebí, muy en particular, viene siendo bastante cultivada por economistas, científicos sociales y orientalistas. Y no pocas editoriales en Andalucía, Barcelona, Madrid y Valencia tienen a gala su dedicación a la materia.

Si, por el contrario, se presta seguimiento a la bibliografía dedicada al África Subsahariana, y a los países del Sahel en concreto, saltará a la vista la escasez de títulos pertinentes salidos de una red de investigadores consolidados o de la pluma de divulgadores de altura españoles. Me limito, por lo pronto, a señalar el hecho, poco alentador para la ampliación del horizonte histórico, antropológico y cultural que intentan obtener aquéllos con los que compartimos tarea y objetivos.

Una vez hecha la puntualización anterior, tengo para mí como obligación de oficio, informar de la aparición de un libro que estrictamente alcanza las 250 páginas y que lleva por título Historia del Sudán (occidental) (Fundación Sur; Ministerio de Defensa, 2010).

Son sus autores Rafael Valencia, arabista en la Universidad de Sevilla; Ignacio Castien, sociólogo de la Universidad Complutense de Madrid; y quien suscribe estas líneas.

Esta historia -casi de bolsillo- cubre las vastas regiones del Sahel, o límite geográfico que separa el sur del Magreb del mundo negroafricano o bilad al-Sudan, tierra habitada por la población negra, según León el Africano. Es decir, los territorios de Níger, Mali, sur de Mauritania y Senegambia, además de la tangencialidad permanente que, a través del Sahara, ha conocido su poblamiento nómada con el sur de Argelia y el norte de países del oeste africano como Alto Volta, Guinea-Konakry, Gana y Costa de Marfil.

Poseo la noción de que las páginas de esta contribución historiográfica a la bibliografía española sobre el oeste africano, permite al lector introducirse por la puerta de la costa de Senegal -isla de Gorea, San Luis, y finalmente, Dakar- para penetrar, a partir de ahí, en la variedad paisajística, productiva y poblacional de los wolof, bambaras, hausas y fulani, entre otras familias étnicas predominantes. Un conjunto continental casi completamente islamizado desde el inicio en la zona de la expansión musulmana a partir del siglo X, pródiga en cofradías religiosas y santuarios morabíticos.

El oeste africano, como ponemos de relieve los coautores de Una historia del Sudán, ha poseído una historia interior -una intrahistoria- que no se limita a la crónica de los asedios ejecutados por navíos cristianos desde la costa del Atlántico; o por razzias de pillaje estacionales, cuando no de piratas musulmanes del desierto en direcciones cruzadas. Ni tampoco se limita a ser una abstrusa recuperación de economías, sociedades y civilizaciones exóticas, prefabricada a partir de un puñado de lecturas mal digeridas.

El Sudán occidental que se revela en las páginas de esta síntesis, cabalmente tripartita, deja abierto al lector el futuro de los países de la demarcación colonial francesa a que pertenecieron (África Occidental Francesa). Lo deja abierto a partir precisamente del proceso descolonizador que se aceleró frenéticamente a lo largo de los años 50 del siglo pasado; dando a luz en el Sahel a unos cuantos presuntos Estados, mal construidos y fragmentados hasta su atomización virtual. O tempora, o mores: de la, entonces, precipitación descolonizadora en el oeste africano, no falta hoy quien no piense en la conveniencia de implantar en aquella latitud, una política de tutela controlada por los autóctonos, aunque con el visto bueno de organismos y agentes de supervisión internacionales. Justo para evitar que el mar de arena siga siendo un no man´s land donde puedan anidar núcleos de forajidos que, llegado el caso, se transformen en mercenarios al servicio de causas variadas y de legitimación sospechosa, como parecen ser algunos miembros de la rama magrebí de Al-Qaeda.

De todo lo que he comprimido en estas líneas informativas -y de algo más- puede encontrarse bastante materia erudita en este volumen de divulgación que arroja luz sobre países y gentes que se aproximan a los “condenados de la Tierra”.
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