23 de septiembre de 2021, 17:13:26
Opinión


Realidad vs Ficción en el periodismo

Mariana Urquijo Reguera


El mundo de la columna de opinión está entregado a la realidad. Los columnistas comentan sus aspectos, novedades, acontecimientos y se explayan en sus detalles, en sus contradicciones y en explicar su devenir sin dejar nunca de expresar su personal punto de vista. Por eso tienen su columna. Hablan de lo de afuera, de lo lejano, de lo cercano e incluso de sí mismos. Recientemente la agudísima Maruja Torres nos deleitaba con una columna dedicada a su propio cumpleaños, lo que le dio pie a contar sus celebraciones múltiples y los recuerdos que en esos días le acompañaban.

En todo caso, el columnista se queda en la realidad, por muy aburrida y reiterativa que sea. Y cuando Maruja habla de sí misma, nos cuenta otro fragmento de realidad, de su vida personal al módico precio del valor de una columna de opinión (que no de una exclusiva televisada). Yo me preguntaba qué sentirían sus amigos y conocidos al ser mencionados por lo bajini, qué opinan de sus apariciones públicas en la pluma de su amiga Maruja. Pero, yendo un poco más allá, me pregunto qué opina su gente cuando lee en su columna los sentimientos y la expresión de la vida interior de su amiga Maruja en un texto que leen miles de personas.

Hoy me pregunto cómo conciliar la vida interior, la vida de escritora y la vida con los otros. Y la pregunta me sugiere una limitación: cuando el columnista cuenta de sí, cuenta a medias, no usa la columna como diario personal ni como diván del psicoanalista y sin embargo, algo de esto hay en todas las columnas. Los límites de ese algo se hayan en el pudor del escritor y en la coherencia de su vida personal con su escritura.

Esta semana cayó en mis manos una breve compilación de cuentos fantásticos del siglo XIX. Se trata de una edición juvenil con un montón de acotaciones y explicaciones que relacionan la vida de los escritores con la de los protagonistas de los cuentos. En una época donde a la realidad aburrida se le suma la fascinación por la alquimia, la nueva psicología, la electricidad y el misticismo, los autores utilizaban la fantasía y el terror para hablar de sí mismos, de sus miedos, de sus fobias, de sus inquietudes, pero todo vestido con el velo distorsionador de la escritura de ficción, de lo surreal, de lo increíble, de lo alucinante.

Y es que, ¿a quién le interesa la vida de un simple mortal? Sólo a tele5 con sus múltiples versiones de reality, pero en un periódico, ¿qué lugar tienen? La ficción ha servido durante siglos para hablar de uno mismo sin hablar de uno, para rellenar los huecos de la realidad con el sueño y la crítica y para dar relieve épico y lírico a lo que la realidad plana nos da de comer cada día. He ahí la literatura de todos los tiempos. Pero insisto, ¿cabe la literatura de ficción en las columnas de opinión? ¿hay lugar en la opinión para los juegos de la fantasía?

Una rápida ojeada a los últimos escándalos del periodismo nos descubre cómo la ficción no sólo se entrelaza con la opinión, sino con las propias noticias. Novelar noticias, reinventarlas y adornarlas e incluso inventarlas de cero, es una práctica habitual en estos tiempos que no hace sino pervertir lo que es el periodismo, el instrumento que debería constituir el cuarto poder, el del gran ojo del gran hermano que todo lo mira, que vigila a los tres poderes, que pone voz a otro sector de la sociedad y de este modo se constituye como poder. Pero la falta de independencia de estos poderes, del primero, el segundo, el tercero y el cuarto, denota que la fantasía la utilizan al servicio de sus intereses.

Comparando el uso de la fantasía en la literatura y en el ejercicio de los poderes, encontramos una diferencia muy llamativa. La literatura la utiliza para evadirse de la realidad entrando en ella y modificándola, entreteniendo y aportando variaciones a las grandes preguntas de la humanidad, es decir, haciendo filosofía. En cambio, cuando los cuatro poderes la utilizan, buscan someter, convencer y persuadir a los ciudadanos, buscan que la gente se ponga de su lado, buscan modificar la realidad a su conveniencia, pero a diferencia de la literatura que no pretende dar la versión definitiva de lo que la realidad es, los cuatro poderes intentan tener la última palabra, la voz del dogma.

Por eso he decidido, que para no perder el pudor, para escapar de la realidad aburrida y reiterativa y poder escribir desde mí pero sin mí, desde ahora mis contribuciones a esta sección podrán ser realidad…. o ficción, una ficción novelada, no periodística ni política, sino filosófica que busque más que encuentre, que proponga más que diga, que sugiera más que explique.

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