20 de septiembre de 2021, 19:17:07
Opinión


43 senadores mexicanos están con la causa dictatorial cubana

Juan Federico Arriola


En una cerrada sesión, los senadores mexicanos decidieron por una apretadísima mayoría 43 contra 42 (85 votos en total y por tanto faltaron 43 votos de legisladores inasistentes) no formular ningún extrañamiento al gobierno cubano por la violación a los derechos humanos en la isla caribeña.

Entre otros que votaron en contra está la legisladora del Partido del Trabajo, Rosario Ibarra, importante activista por los derechos humanos en México, no lo es para los cubanos. Con su voto, la senadora Ibarra apoyó la dictadura con más de medio siglo de duración, con partido único, censura y un largo etcétera.

Ya olvidó Ibarra que Fidel Castro en diciembre de 1988 estuvo presente en la ceremonia de ascenso al poder de Carlos Salinas de Gortari, después de un escándalo de trampa electoral. Así el dictador cubano le dio la espalda al candidato que posiblemente triunfó -pero que se ocultó la información en medio de un desorden y caos en el manejo de datos oficiales- Cuauhtémoc Cárdenas, cuyo padre, el ex presidente mexicano, Lázaro Cárdenas había ayudado a la incipiente revolución cubana.

Otro legislador, el priista Murillo Karam, salió con el sofisma de que México no debía intervenir en asuntos internos, porque así lo exige su política
exterior. El argumento es falaz, porque México sí ha intervenido en otros países para defender los derechos humanos. Lo hizo con españoles durante la guerra civil y después, lo hizo con nicaragüenses, guatemaltecos, salvadoreños, chilenos, argentinos, uruguayos, brasileños, etc. Pero a los cubanos siempre les hemos dado la espalda, con gobiernos priistas y con gobiernos panistas.

Fidel Castro tiene una tradición terrible: vendió armas al por mayor, apoyó al terrible terrorista venezolano Carlos "el chacal", en una de sus huídas en Europa y hoy preso en una cárcel francesa, posiblemente tenía negocios ilícitos con el ex hombre fuerte de Panamá, Manuel Antonio Noriega y muy probablemente fue responsable del adoctrinamiento y entrenamiento de un grupo guerrillero mexicano que estalló en 1994 con una bandera zapatista muy cuestionada, no por Zapata, el héroe revolucionario del estado de Morelos, sino por el manejo tramposo que ha hecho de él, Marcos, hoy al parecer retirado de escena pero que mantiene el "negocio" del zapatismo con fondos europeos que le compran su farsa.

Fidel Castro le dio protección a Salinas en Cuba, cuando éste dejó su domicilio de exilio en Dublín, precisamente al mismo tiempo que por órdenes del juez Garzón desde España se detenía en Inglaterra al temible ex dictador chileno, Augusto Pinochet.

El senador Monreal acusó a sus 42 compañeros que votaron a favor de la condena en contra del gobierno cubano de "hacerle el juego a la derecha". El político zacatecano parece ignorar, que con su voto decisivo le hace al juego de los intereses capitalistas que financian y soportan a la dictadura cubana: ¿Cuántos intereses mexicanos y españoles están presentes en Cuba? ¿Qué dirían Marx y Engels al percatarse de la explotación económica y de la enorme plusvalía que obtienen los capitalistas extranjeros y los dirigentes cubanos que se comportan como dueños de la isla en contra de los trabajadores cubanos?

La senadora Polvensky quien hace quince años era una ejecutiva empresarial, hoy se define como "gente de izquierda" y sostiene la absurda tesis de que Cuba tiene la democracia perfecta. Se nota que no conoce Cuba, o quizá sólo la conoce como turista burguesa sin percatarse de todas las limitaciones políticas, económicas, sociales y culturales que viven los cubanos, quienes no tienen la libertad de criticar a su gobierno. Ella, así como el líder del Senado, el senador Navarrete, también del Partido de la Revolución Democrática, vivirían presos en una mazmorra cubana si fuesen disidentes o estarían en medio de una huelga de hambre. En México se puede ser opositor, tener libertad de expresión y vivir de manera acomodada aunque digan ser socialistas o comunistas.

En México, la demagogia se expande como la influenza y hace un enorme daño a la población. Los resultados están a la vista.

No sólo Estados Unidos, la criminalidad organizada y los factores reales de poder inciden y presionan de todas las formas posibles sobre el gobierno, los jueces y las dos cámaras legislativas y como si fuera poco, también el gobierno de La Habana chantajea a México como si tuviese autoridad moral, cuando los Castro están reprobados en derechos humanos, ética, derecho internacional, economía, civismo, etcétera. Los dichosos logros de la revolución están hechos polvo. La pobreza generalizada de los cubanos es indiscutible, sólo hay que caminar por las calles de Cuba para refutar el discurso falso de Raúl Castro. Los 43 senadores mexicanos merecen una estatua en Cuba, han traicionado los derechos humanos de valientes disidentes que no son terroristas.

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