21 de enero de 2020, 19:29:29
medioambiente

La crónica salvaje


El último reducto de selva virgen, tigres y elefantes en Camboya


En el corazón de las montañas Cardamon, se halla la raquítica aldea de Chipat, uno de los últimos reductos de selva virgen en Camboya y hábitat de animales en grave peligro de extinción como el tigre o el elefante.


La raquítica aldea de Chi Pat, en el corazón de las montañas Cardamon, es uno de los últimos reductos de selva virgen en Camboya y hábitat de animales en peligro de extinción como el tigre, el elefante y el oso asiático.

El ecoturismo apareció un día en esa población que se ilumina aún con generadores como una salida con futuro para los habitantes y su hermoso entorno de ríos, cascadas y bosques. "Todos los habitantes eran leñadores y cazadores. No tenían otra forma de vida. Ahora toda la comunidad está implicada en el proyecto", explica Yan Veasna, monitor de Wildlife Alliance, organización no gubernamental que puso en marcha el programa en 2008.

Caminatas por la selva, excursiones en bicicleta de montaña, navegación por el río, aves de todos los colores son algunas de las actividades que ofrece el proyecto gestionado totalmente por los vecinos con la ayuda de Wildlife Alliance. Phrom Hang llegó a la aldea directamente de los campos de arroz del Jemer Rojo en 1979 y vivió de la caza furtiva hasta que surgió esta iniciativa.

"Cazaba ciervos, pangolines. También capturé dos tigres. Lo vendía a un comerciante que se lo llevaba a Phnom Penh", explica Hang, quien ahora desempeña el cargo de director del proyecto dedicado a proteger la fauna y perseguir a sus antiguos colegas.

"Durante los noventa, la caza era masiva. Con un kilo de pangolín se ganaba cincuenta dólares y esto atrajo a mucha gente", apunta Veasna.

La medicina tradicional china atribuye a la carne, huesos, órganos y pieles de estos animales propiedades especiales que sustentan el contrabando, del que Hang se lucraba generosamente pero que no echa en falta.

"Pasaba varios días en la selva. Era muy duro. Ahora gano suficiente dinero, aprendo cosas y puedo estar siempre con mi familia", dice el ex cazador, elegido para el cargo por todos su vecinos.

La comunidad se beneficia de la llegada de turistas ofreciendo alojamiento, transporte, haciendo de guías o guardas forestales; en total son 550 las familias que viven del ecoturismo en la actualidad.

"La clave del proyecto fue darles trabajo, mostrarles que había otra manera de ganarse la vida", manifiesta Veasna.

En Chi Pat, el atractivo para el visitante radica en un paisaje virgen que esconde cascadas o rarezas arqueológicas como un conjunto de urnas y cofres funerarios metidos en una brecha pétrea que no fue descubierto hasta 1984.

Si bien el proyecto consiguió dotar a esta empobrecida comunidad de una fuente de recursos, la vocación proteccionista ha tenido un éxito relativo. "Sigue viniendo gente de fuera a cazar. Monos, sobretodo. Tenemos un equipo de rangers que patrulla a diario pero sólo con un teléfono móvil les es muy fácil darnos esquinazo", dice Veasna. Aun así, el ejemplo de la aldea Chi Pat empieza a extenderse por el país.

En el otro extremo de Camboya se encuentra Koh Pdau, una isla del río Mekong habitada por pescadores a quienes las autoridades les han prohibido la pesca a fin de proteger el delfín irrawaddy, el único de agua dulce del mundo y del que quedan apenas 71 ejemplares.

Tras la veda, los lugareños buscaron una salida en el ecoturismo y ahora buscan al cetáceo no para matarlo, sino para que entretenga a los visitantes. "No sólo dan alojamiento y ofrecen paseos en barca. Se les ha ayudado a desarrollar agricultura y piscifactorías, o a producir manualidades que venden a los turistas", dice Som Mao, técnico del equipo de Desarrollo Rural del gobierno camboyano.
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