12 de diciembre de 2019, 3:07:55
Opinion


Los húngaros castigan a los socialistas

Izabela Barlinska


Fidesz, el partido de centro-derecha procedente de la oposición democrática durante el régimen comunista, ha ganado más de dos tercios de los escaños en las recientes elecciones parlamentarias en Hungría. Su líder, Viktor Orban, primer ministro en 1998-2002, perdió luego las elecciones dos veces pero no desapareció de la política, y hoy ha vuelto con una victoria como no la ha disfrutado ningún partido en la Europa Central desde la caída del comunismo.

Orban ha conseguido el poder de manos de unos húngaros decepcionados tras ocho años del gobierno socialista plagados de escandalos de corrupción. A partir del otoño de 2008 Hungría sufre su mayor crisis económica desde el año 1989. El gobierno ha obtenido un préstamo de 25 mil millones de dólares del FMI, de la Unión Europea y del Banco Mundial, a condición de llevar a cabo unas reformas profundas y, probablemente, dolorosas de las finanzas y de la economía.

Los socialistas han arruinado el clima moral de la política y el mayor desafío será el de su reconstrucción, que puede ser más difícil de corregir que el de la economía, según varios analistas. Al mismo tiempo, preocupa la imprecisión de los planes económicos de Orban, que promete fomentar puestos de trabajo, bajar los impuestos, luchar contra la corrupción y la burocracia, pero no dice cómo.

Orban no es averso al populismo y ha jugado la carta nacionalista respaldando a la minoría húngara en Eslovaquia, Rumanía y Serbia. Ahora tendrá que enfrentarse a las ideas xenófobas y ultranacionalistas del partido de la extrema derecha, Jobbik, que ha logrado entrar en el Parlamento. El rechazo de Jobbik a los gitanos, los judíos y los homosexuales, así como su propuesta de crear una gendarmería con fin de introducir orden, han encontrado un apoyo preocupante en una parte de la población húngara.
El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2019   |  www.elimparcial.es