13 de abril de 2021, 13:39:16
Opinión


Mala educación en España



Finalmente no ha sido posible. El fracaso del pacto de Estado en materia educativa es una mala noticia para todos aunque, a la vista de lo que había sobre la mesa, quizá sea lo menos malo. Inicialmente, las perspectivas invitaban a la esperanza, toda vez que el talante del ministro Gabilondo hacía pensar en un posible entendimiento. Pero una de dos, o bien su margen de maniobra era escaso, o bien sus modos amables escondían un inmovilismo fruto del sometimiento al señor Zapatero nada bueno a la hora de dialogar. Lo único cierto es que su cerrazón -o más bien la de su jefe- ha dado al traste con el acuerdo.

Es un hecho que la educación en España necesita mejorar, dicho en términos escolares. Uno de los primeros problemas es la transferencia de competencias a las comunidades autónomas, lo que dificulta en gran medida una gestión homogénea imprescindible para tener éxito. Tres son los puntos en los que PP y PSOE no han podido ponerse de acuerdo: que prevalezca el derecho de los padres a escolarizar a sus hijos en la lengua que deseen, reforzar la autoridad del profesor y fomentar la cultura del esfuerzo y mérito en detrimento de la del “todo vale”. Tres aspectos que el PSOE se ha negado a abordar, tanto por absurdos complejos conceptuales como por el miedo a no incomodar a los nacionalistas. Un PSOE que, en palabras del ministro Gabilondo, se apresurará ahora a trabajar con quienes sí apoyarán su proyecto: nacionalistas y radicales de izquierda. Dicho apoyo no será gratuito, aunque tampoco da la impresión que los socialistas se vayan a mostrar demasiado reacios a pagar el precio que sea. Por otra parte, una vez más la comparación es grotesca: hablar de consenso sólo tiene sentido si se entiende como acuerdo entre los dos grandes partidos, cada uno de los cuales representa 40% del electorado y unos diez millones de votos: nada comparable al millón y pico de los partidos nacionalistas y radicales.

O lo que es lo mismo, seguiremos con una educación provinciana que bloquea la libre elección de la lengua (un principio democrático elemental) y ataca al castellano, en lugar de proteger a las lenguas vernáculas vía positiva, los docentes -excepción hecha de la Comunidad de Madrid- continuarán perdiendo una autoridad cada vez más devaluada, y la falta de exigencia a la hora de pasar de curso se traducirá en que continuemos en el pelotón de cabeza de fracaso escolar europeo. Eso es lo que hay hasta ahora, y eso es lo que el PSOE parece empeñado en perpetuar. Lo peor no es su obcecación, sino que el dislate lo pagarán las futuras generaciones, a las que se está hurtando su derecho a labrarse un futuro como es debido.
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