15 de octubre de 2019, 5:55:59
Opinion


El nuevo particularismo vasco. (Programa)

Juan José Solozábal


No me extrañaría que la pérdida de espacio en la escena de la política española que afortunadamente ha significado el relevo del nacionalismo en el gobierno de Euskadi haya dejado en muchos vascos una especie de síndrome de nido vacío. A mi juicio convendría que esa falta de protagonismo en la política española no supusiese un desenganche de Euskadi en España. Por el contrario el modelo vasco, equivalente a la capacidad de alcanzar un acuerdo sobre aspectos esenciales de la actividad política en situaciones críticas, es esencialmente atractivo en la actualidad.

Pero la distensión en el plano externo de Euskadi habría de compensarse con un esfuerzo introspectivo que tratase de explicar a los propios vascos en términos de suficiente complejidad y coherencia la posición del País en el siglo XXI. Hablaría entonces de la necesidad de una ideología posnacionalista, o vasquismo integrador, que habría de atender, me atrevo a insinuar, tres exigencias. En primer lugar, un respeto a la pluralidad del País, que es irreductible a molde alguno ideológico, social o territorial: no hay entonces lugar para la pretensión hegemónica de proyecto alguno, al modo que intentara el nacionalismo soberanista de Ibarretxe. Euskadi solo puede ser democrática y ello conlleva la legitimidad de cualquier opción siempre que se renuncie a la imposición por la fuerza y se observe la igualdad concurrencial de todos los proyectos. En lo cultural, ello significa afirmación del bilingüismo, atención a la literatura y el pensamiento que elija el euskera como idioma nacional de expresión, etc.

En segundo lugar, apertura hacia España, como ámbito de inserción natural del marco político y vital de Euskadi. Hablamos entonces de la necesidad de recuperar el papel dinamizador del País Vasco en la vida económica y política española. Se ha de reclamar un mayor protagonismo del País Vasco en la escena española, que para nada ha de restar los esfuerzos para la afirmación propia de Euskadi; la cuestión es más bien amplificar el eco de lo vasco, de un lado, y de otra parte expresar la voz de Euskadi en el entendimiento de los problemas comunes de España. Por tanto no se trata solo tanto de hacer presente (representar) lo vasco en España, que también, cuanto de expresar la idea vasca de los intereses comunes de España.

Esta línea, por último, ha de prolongar la reflexión de una generación de pensadores vascos, hombres de razón, en torno a los años cincuenta y sesenta del pasado siglo, que trataron de poner al día en circunstancias bien difíciles, las del franquismo y el aislamiento con el mundo del exilio, el fuerismo como síntesis perfecta del particularismo y el españolismo. Se trata de un pensamiento de notable refinamiento espiritual y que cultivó un amplio espectro temático que hay que rescatar y poner al día. José de Arteche fue un gran escritor, Julio Caro un antropólogo de destreza y conocimiento extraordinarios de relieve internacional. José Miguel de Azaola es un funcionario que en época bien temprana reflexiona sobre Europa y que tiene un conocimiento extraordinario de las experiencias de descentralización de otros países y un dominio exhaustivo de las condiciones de la regionalización española y de la vasca en particular. Fausto Arocena es un fino historiador, pulcro y exacto, que resiste el sociologismo de moda y que respeta el valor de la historia política, lo que hoy resulta extraordinariamente atractivo. Luis Michelena es un lingüista sobre cuyas bases se ha levantado todo el edificio de la filología y los estudios de la literatura vasca de nuestros días en parangón perfecto con los estándares internacionales más exigentes. Añádanse nombres como Carlos Santamaría, José Ignacio Tellechea, Antonio Beristain, Paulino Garagorri y otros. Gente que no disfrutó además del apoyo institucional que habría podido representar la universidad vasca inexistente y operó en condiciones profesionales insatisfactorias sino precarias. Ellos, por otra parte sobre las bases del mejor fuerismo asociado a empresas como la revista Euskalerria o la Sociedad de Estudios vascos, y nombres como los hermanos Echegaray y Urquijo, representan un hilo de pensamiento y cultura , por otra parte complementable con aportes del nacionalismo y el tradicionalismo, cuyo conocimiento a la hora de formular una cobertura espiritual del pluralismo vasco es del mayor interés.
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