18 de enero de 2020, 22:09:08
Opinion


DÍVAR, LA PRUDENCIA EN EL JUEZ

Luis María ANSON


La tormenta borrascosa Garzón se transformó poco a poco en un sunami que lo inundó todo. Nacional e internacionalmente la situación se encrespó hasta el paroxismo. La polémica alteró las secciones más cualificadas de los periódicos impresos, hablados, audiovisuales y digitales. Parecía imposible introducir la sensatez y el buen sentido en un debate abierto en canal.

     En medio del frenesí, Carlos Dívar mantuvo la calma, midió los plazos, actuó sin prisas pero sin pausa, antepuso el orden jurídico a las explosiones políticas y timoneó el Consejo General del Poder Judicial con mano firme y flexible.

     Hay que poner un diez al presidente. Arbitró las medidas que había que tomar en el momento preciso. Y consiguió que el Consejo le respaldara por unanimidad cuando la polémica azotaba de forma muy agria al Congreso, al Senado, a las más varias instancias políticas, al agit-prop internacional, a casi todas las tertulias periodísticas.

     Después de inhabilitado el juez Garzón, el Consejo, en lugar de perseguirle, que no es esa su misión, le autorizó a viajar a Amsterdam para atender el contrato que le habían propuesto.

     El sentido de la objetividad exige reconocer y aplaudir a Carlos Dívar que ha sabido conducir un asunto especialmente espinoso, sin que la Justicia saliera rasgada. Dívar es la prudencia en el juez y, en medio de las tensiones cada vez más abruptas que padecemos, vale la pena albriciarse cuando alguien ha hecho las cosas bien, con mesura y eficacia.


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