16 de abril de 2021, 22:26:19
Opinión


Luces y sombras de Sanisidro V

José Suárez-Inclán


25 de mayo. La Prensa. Una clásica con mejor intención que suerte para arreglar esta feria. Hiperselección de ganado (cada diestro traía sus propios toros en el esportón) para una terna de lujo: Juli, Perera y Cayetano. Juli a revalidar su temporada imparable, a quitarse la espina del día del Santo; Perera a relajarse y templarse, vuelta a los triunfos cercanos; Cayetano a romper de una vez. Los tres a abrir la Puerta Grande, cuyas hojas macizas solo han girado sobre los goznes del rejoneo. Pero las hojas permanecieron inalterables, cumplieron con las tradiciones de La Prensa y con la de este Sanisidro mustio y mohíno.

Precioso, bajito, bien hecho, salió el 1º, un santacoloma cárdeno de “La Quinta” que, aunque dobló en varas acudió a la franela de Julián, pulquérrima, sin una arruga desde los primeros muletazos, templada y larga para el animal dulce y sin picante. Hubo de llevárselo en una serie hipnótica para que el público —frío, quizá cansado, malvado en parte— rompiera el silencio. Julián, desalentado, se fue dando trincherillas y ayudados con la misma suavidad triste. Quiso dar una serie más, la del pundonor, como el día 15; y como el día 15, pasó al toro y lo pinchó. Su segunda elección, un cinqueño de “Victoriano del Río”, soso y reservón, se llevó un natural entre ráfagas de viento.

Perera había elegido un “Núñez del Cuvillo”, colorado y bien armado, que salió 2º: un toro afligido, un torero desesperado. Esto fue el extremeño; esto y cuatro o cinco banderazos a pies juntos que dieron paso al 5º en la muleta: el toro, del “Ventorrillo”, no quería tela y Perera, templado, le ponía ritmo y lo bajaba en los rebrincos.

A Cayetano le faltó un pisotón, le faltó escuchar los latidos del corazón, le faltó el “aquí estoy yo” que le haría de una vez torero. El resto lo tiene, pero no basta. Sólo en Barcelona, cuando reapareció JT, apareció, soplando recio, como en el Tajo, el viento de Ronda. Sin ese viento, el resto es paisaje. Paisaje serio y airoso, de empaque y pecho adelante, de buen compás, de trinchera y firma, pero… faltó el pisotón, muleta puesta y adentro. En sus dos toros, ambos con posibilidades. En el último, un cinqueño capacho de “Cortés”, los tendidos más ásperos de la plaza gritaban oles burlescos y vengativos Cayetano se puso a componer cuando en Madrid era ya otro día.

Otro día era cuando los Samueles aparecieron con sus desencajados cornalones a mostrar las horas bajas de aquella casta que hace unos años imponía silencio en Las Ventas. Mucho cinqueño, como en toda la feria. Y toros más manejables de lo esperado. Esperado era Padilla, que no venía desde hacía años y del que quedaban restos de viejas rencillas con la afición más intransigente. Es incomprensible pensar que un torero de valor —temerario a veces, ídolo en los nortes— tenga que reconciliarse con Madrid. Es inconcebible que un torero de Jerez, dotado de potencias toreras por pertenencia natural a esa tierra, no sea del agrado de esta afición. Es descabellado que no sea Juan José Padilla torero de esta plaza. El 26 lo fue, tuvo el mejor lote, bulló en el 1º, toreó en el 4º, y si la espada no hubiese caído un poco, la oreja no se hubiese dudado. Encabo atraviesa esa misteriosa desaparición periódica que tienen algunos toreros. Iván García mostró su corazón mostoleño, pero el último, que embestía, se fue a medio torear.

El 27 de mayo se encapotó el cielo, enterado sin duda de que el matador Julio Aparicio había vuelto a ingresar en la UCI del hospital “12 de Octubre” con una insuficiencia respiratoria aguda, secuela de su terrible cogida del 21. “Una fuga de aire” —dijo su banderillero de confianza— para torero de aire y donaire. Ha de volver el aire fugado, se lleva dentro: en los pulmones, en las muñecas; se lleva en el cuerpo —cuerpo airoso—; se lleva en el alma —puro donaire. Aire en cuerpo y alma, aire libre: Aparicio. A estas horas ha vuelto a ser intervenido y esperamos con el alma en vilo, como se espera una brisa de aire fresco.

Con el alma en vilo y la sonrisa frustrada nos dejó la corrida de “Pérez Tabernero” en la que Fundi planchó la muleta a un veleto falto de espíritu y acarició a un noble 4º sin hondura en los remates, sin los truenos que enardecen: buen toreo, voz afinada pero sin el canto roto; un Fundi desmejorado, algo triste, lejos del territorio de antes de sus percances.

En el 2º llegó la frustración: un cárdeno salpicado guapo y con hechuras blandeó de una mano. Humillaba, pero enterró pitones y el presidente no dudó: fuera. Hasta tres sobreros salieron a la arena: un colorado boyante de “Domínguez Camacho” que se lisió sin saber cómo, otro de “Torrehandilla” que perdió manos tras infame puyazo y el último del “Conde de Mayalde” que salió bravo pese a su fealdad: cabezudo, sin morro ni morrillo, se enceló en el peto hasta el amanecer. Luego, su natural cansancio lo llevó a defenderse, vio y volteó al vallecano Sergio Aguilar, persistió en sus intenciones, pero el matador se mostró firme y resuelto hasta que lo derribó con la espada. Firmeza y resolución que se mantuvieron en el 5º, tras veroniqueralo a pies juntos. Ni un pase tenía. Y ahí estuvo Sergio. ¿Torero de Madrid? ¡Cuidado!

Bolívar, con un cinqueño, tuvo alegría: primero brusca, luego más armónica. Lo templó, también alegre, citó con el cartucho y siguió obligándolo, con energía, casi saltando entre rachas de viento. El 6º cojeó escandalosamente, pero ya no había ánimos para más toros.

Se renovaron con los Palha del día siguiente, que eran feotes, pero embistieron. Y aunque el maño Jesús Millán exhibió, de rodillas, voluntad de novillero, y de que llevaba un forro azul escondido en la muleta roja, se desinfló, la voluntad vino en impotencia y el forro permaneció oculto en la tela. Había toreado 6 corridas en 2009. Más dura aún resultó la actuación de Francisco Javier Corpas, que se santiguaba compulsivo de rodillas frente a toriles y que apenas pudo derramar unos granitos de sal ante un 3º que embestía hasta aburrirse. Le dio dos naturales, pudieron ser mil. Para soñar de por vida. Y en el 6º de “El Torreón”, que atendía solícito a la muleta, quería componer, pero le sobraba el toro. Había toreado 1 corrida en 2009. Robleño, por el contrario, fue la otra cara de la moneda: había brindado su primero con decisión y lo recogió de las tablas hasta el centro. Pero el toro lo devolvió al carril anodino de las rayas y puso al diestro penosamente en su sitio. Había toreado 13 corridas en 2009. Y decidió sobreponerse a la cifra. Ante su segundo de “El Torreón”, de impresionante cabeza, que no quería humillar y midió la cara del breve y bravo matador varias veces con los pitones, no se arredró el torero y en terrenos del 6 le doblegó hasta pegarle derechazos que el sol coreó y contagió a la concurrencia. Tenaz y valeroso, ganó la pelea y la coronó con un espadazo en lo alto: Una oreja.

Ni Victorino, ni el primo ni el sobrino. Rima castiza y fácil que bien valiera como epítome para esta feria. Se echaron atrás los Adolfos y Sanisidro rompió su colofón tradicional de finalizar con albaserradas. Parecía que todas las expectativas —las épicas y las líricas— que se habían ido esfumando durante este mayo para engrosar las sacas de la mediocridad, se desbaratasen hasta el final. Por pura coherencia; como en la crisis. En el cielo zarco de Las Ventas del Espíritu Santo, cinco nubecillas blancas se escapaban. Fin de fiesta. Ya en el primer sobrero del Fundi se posó una sensación interminable de que no pasaba nada, de que nunca pasaría. En el 2º, Rafaelillo, con toque y dominio, adelanta la muleta a un toro de reservas. “¡To-ros, to-ros!” —grita la plaza enrabietada en el 3º. Un papelón para Valverde, que oyó rugidos al primer resbalón del astado. En el 4º, un toro probón, no vimos a Fundi hasta que lo cazó con habilidad. Los dedos finos de una saxofonista pelirroja accionaron los botones dorados. El 5º se llamaba “Maravilla”. Cabeceó y se cayó. En el último toro de la feria, una mujer rubia con vestido negro leía una revista: Felipe, un playboy domado por Leticia. Los tendidos querían homenajearse y aclamaron un par de banderillas de Luís Carlos Aranda que quedaron durmiendo en el suelo, y varios derechazos eléctricos de Valverde que, increíblemente, se adornó con manoletinas antes de enterrar el acero hasta la empuñadura. Ricardo, querido amigo, ni tú, que siempre veías algo, tendrías qué comentar de esta corrida. Y poco, muy poco, de esta feria. Nos podemos ir en paz.
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