18 de octubre de 2019, 19:13:34
Opinion


De lo del Mundial, ni hablamos

Alejandra Ruiz-Hermosilla


A los españoles del norte peninsular les llega, literalmente, el agua al cuello. Los demás, pasamos frío a mediados de junio. Y todos, estamos tristes y azules tras este miércoles aciago. Deberíamos haber aprendido a no preguntar en voz alta qué más puede pasar porque ya sabemos que las cosas que pueden empeorar tienden a hacerlo. Pero aún esperamos que el Gobierno adopte una medida adecuada para resolver el paro, que el ministro de Trabajo entienda el decreto de presunta reforma laboral que supuestamente ha elaborado o que, al menos, logre leer el texto con soltura.

Y claro, ver a María Teresa Fernández de la Vega y a Celestino Corbacho tratando de explicarnos las bondades de abaratar el despido, de que una parte de la indemnización la paguen los contribuyentes, de que los problemas económicos de una empresa como causa de despido objetivo termine por aceptarlos o no un juez, y de que las relaciones entre empleadores y empleados sigan en manos de los sindicatos a través de los convenios colectivos es absolutamente descorazonador.

Ni un solo partido político, ni una organización empresarial, ni un sindicato, ni un experto ha mostrado su conformidad con esta pseudoreforma que mantiene la rigidez en las relaciones laborales y recorta por decreto las indemnizaciones. Los españoles no escuchan ni una sola palabra de aliento en casa, ni un solo piropo desde el extranjero. Rajoy ha intentado explicar a los “populares” europeos que España no es Zapatero, que tenemos futuro y que saldremos de esta grave situación. Pero pocas horas antes era el propio presidente del Gobierno quien reconocía que él y su equipo han aportado poco a la credibilidad internacional de nuestro país, hoy bajo mínimos.

Ni los socialistas confían ya en este Ejecutivo tan poco cualificado; se debaten entre llamar a filas a los reservistas de la vieja guardia que dejaron el país en bancarrota tras pasar una larguísima temporada en el poder o resignarse a un adelanto electoral que dejaría al PSOE en la oposición durante una temporadita.

¿Y aún nos preguntamos qué más puede pasar? Pues que nos suben la luz, el IVA y aún no sabemos qué más impuestos. Lo que sí sabemos es que no conviene volver a formular en voz alta esta pregunta ni esperar que once tíos en calzoncillos nos den una alegría entre tanta lluvia, tanto frío, tanto recorte y tanta congelación.
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