12 de noviembre de 2019, 14:42:36
Opinion


La resaca de San Isidro

Pedro J. Cáceres


La “borrachera” de festejos de las “Ferias de Primavera en Madrid” (antes San Isidro) dan paso, como toda intoxicación (término nunca mejor aplicado) etílica a la correspondiente resaca.

La resaca, según la ciencia médica, es un cuadro de malestar general que padece al despertar quien ha “bebido” en exceso. Yo, por mi cuenta –y no hablo por experiencia propia, si con conocimiento de causa por múltiples referencias- añado que entre los efectos colaterales está el aborrecimiento del alcohol durante algunos dias, no muchos, a veces durante horas; en el caso de la “borrachera” taurina venteña, los efectos secundarios duran meses, o quizá un período de un año, hasta la próxima, si tenemos en cuenta que muchos tienen que beber en “otoño” de forma obligatoria para pasar el test del abonado y acuñarle su cartilla como tal. Un test que, entre otras cosas, no es gratuito si no todo lo contrario. Alguien, voces hay, le llaman “impuesto revolucionario”.

Hay una resaca “marinera” que tras el temporal tira, sin apenas percibirse, para adentro, en aparente calma chica.

En el Madrid taurino tras el temporal, curiosamente, no se ha pasado a “mar gruesa” y si a esa resaca subliminal y engañosa de resignación interna.

Lo curioso de la resaca post-isidril, donde te han mezclado botella etiquetada con tetra-brik en cantidades no proporcionales, siempre a favor del cartón, es que afecta al consumidor (que pasa “resacoso”), al expendedor y a la propiedad del chamizo (la gran responsable) que no solo no espían sus pecados de adulteración para a partir de junio degradar el producto a garrafón puro y duro con tal de mantener abierto el negocio.
No es verdad que Madrid ya no cuente para nada en la movilidad de la temporada ni que no valga “un duro”. Cierto es que sus “ferias y festejos de primavera” (antes San Isidro) cotizan el “duro” a dos pesetas, y su resto de temporada a 50 céntimos, pero a pesar de su devaluación no deja de ser moneda de curso legal –la peseta siempre será el cambio de referencia popular- ; principalmente para valores toreros nuevos, emergentes y veteranos con poso y de posible rescate.

Negocio, por otro lado, ruinoso que no exime a la gestora de su responsabilidad, los costos del montaje son iguales haciéndolo bien como mal, pero si es un atenuante.

La empresa en su búsqueda de recursos para mermar pérdidas ha encontrado una aliada en la TV de Castilla la Mancha, que palia en alguna medida los números rojos de cada festejo televisado, más de uno y de dos. No es que sea gran cosa, pero al cabo del verano “un grano no hace granero pero ayuda al compañero”.
El problema es que este acuerdo devenga un “peaje” que, como siempre, se carga al consumidor: cada festejo televisado por Castilla La Mancha solo da a la empresa un margen de maniobra para entre, compromisos y algún “coleta” posible e interesante, colocar dos toreros en la terna. Uno fijo debe tener “pedigree” castellano-manchego y responder a los caprichos del Director General del ente con una lista de espera más larga que un vuelo de Iberia a Quito.

Este dato no hace más que abundar los argumentos que señalan a la Comunidad de Madrid como la gran culpable, y en parte única, del deterioro hacia el abismo de Las Ventas.

Mientras, Telemadrid, usufructuada por el Gobierno regional, se entretetiene en jugar, con índices ínfimos de audiencia, a ser una “tele” generalista y nacional en el que los toros son marginales y a veces “al relance” del impulso de otras teles regionales como por ejemplo hoy donde han retransmitido la alternativa de Esplá (hijo) desde Alicante –sin ningún torero madrileño en el cartel-, en vez de estar en “el foro” a quien se deben por principios estatutarios.

Para más guasa, el ente madrileño dispone de un segundo canal, hasta el momento legalmente dudoso, que le llaman “la Otra”:
Y a nada tengo derecho,
Por que no llevo un anillo
Con una fecha por dentro.


Tal que además de su alegalidad o ilegalidad, sus índices de audiencia no computan por ser menores que un canal de comunidad de vecinos. Hoy daba el Alcorcón-Onteniente, como mañana puede ofrecer un partido de voley playa de solteros contra casados del “club de la capa” en las antiguas instalaciones del Parque Sindical.

Si después de “ratear” mil millones de pesetas por canon a las gentes del toro y el público, La Comunidad, tuviera la decencia de cuidar “la teta de la vaca”, en vez de succionarla, con medidas de apoyo, fomento y difusión a través de sus canales de televisión,

Bastaría un gesto con la una o con la otra, su implicación (además de unos derechos de retransmisión que alivien “la ruina” de cada festejo aunque sea mínimamente, algo es algo, como hace Televisión Castilla la Mancha), conllevaría un servicio público a casa del sufrido aficionado a los toros madrileño que además significaría mayor repercusión de lo que pasara en potencia, en el ruedo, merced a los espectadores pasivos de la tele,

pero, sobre todo, que los carteles no quedarían mutilados en la operatividad de la empresa y adquiriría, La Comunidad, legitimidad para proteger, primero, a toreros interesantes, a triunfadores en precario en Madrid dignos de repetir y por ende a los toreros madrileños, que son legión, han salido de la escuela de tauromaquia, la mayoría, que cuesta un dinero –por supuesto insuficiente- y por el momento no han demostrado ser inferiores a tanto enchufado que hace el paseíllo en La Monumental.
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