16 de septiembre de 2021, 20:30:05
Opinión


Novedades bibliográficas sobre el continuo hispano-magrebí

Víctor Morales Lezcano


No siempre tienen que acaparar la atención de esta columna acontecimientos de envergadura considerable, ni incluso “sesgos” notables del mundo político y diplomático.

El libro en cuanto expresión impresa de un problema, balance de una situación o interpretación -en ocasiones reinterpretación- del pasado y presente, es en sí mismo un hecho de importancia, sin parangón posible.

En esta ocasión, dos títulos recientemente aparecidos en el circuito bibliográfico en castellano acaparan el espacio de esta columna; aunque se trata de materias nada relacionadas entre ellas, las que abordan los títulos que hoy toca comentar sucintamente, poseen, sin embargo, un denominador común: el eje hispano-marroquí.

En primer lugar, nos referimos aquí a Mohamed Boughdadi, y a su Mirada sobre la seguridad euromagrebí frente a los desafíos saharianos (2009). Se trata de una copiosa monografía traducida del francés y sin referencia editorial alguna, y que viene avalada por la trayectoria de su autor, oficial del ejército marroquí con marcada inclinación docente (Escuela de Estado Mayor en Kenitra).

Si no olvidamos el adagio napoleónico de que la política de una Región reside en su geografía, será cómodo e instructivo atravesar las páginas de esta obra, referida a la gran frontera meridional de España hace más de un par de milenios. O sea, la que se extiende desde el sur de Tarifa a los confines o hammadas argelo-marroquíes.

Quizá el título de la obra no resista una lectura crítica, en la medida que sobredimensiona la “peligrosidad” que los Estados del Sudán occidental -y Mauritania misma- representan para la seguridad euro-magrebí. En todo caso, se puede coincidir del todo, o a medias, o casi nada, con la tesis marroquinista que vertebra la obra de Boughdadi. Ahora bien, más allá del grado de aceptación que logre generar esa tesis central de la obra, nos encontramos ante una narrativa histórica bien nutrida de tabulaciones, cartografía y documentos originales reproducidos en facsímile. Esta monografía irrumpe en una hora delicada para la geografía de la región, sensu lato: desde la Península Ibérica, atravesando el Estrecho, hasta alcanzar los Estados de Marruecos y Argelia, y los territorios en disputa en el noroeste de África a partir de 1975-1976. Y la hora es delicada en la medida en que parece aproximarse el momento de intentar resolver el contencioso que viene bloqueando la dinámica de las relaciones hispano-marroquíes durante decenios. O sea, el contencioso sahariano.

Éste es, por ende, un libro oportuno; se comparta, o no, el enfoque de su autor.

La segunda obra -editada por J.A. González Alcantud-, La invención del estilo hispano-magrebí. Presente y futuros del pasado (Anthropos, 2010) es de autoría colectiva, puesto que recoge ponencias debatidas en su día en torno al tema central que las gobierna. Sin embargo, lleva el sello de un académico intelectualmente tan fecundo como es el profesor Alcantud.

La invención del estilo hispano-moresco, luego bautizado en España como hispano-andaluz y arábigo-andaluz (andalusí), fue en sus orígenes una producción de “París, la verdadera factoría europea de los estereotipos” (culturales, u otros), según el coordinador y editor de la obra. A partir de esta intuición (positivamente comprobable), y bien insinuada a lo largo de las aportaciones de las trece firmas que secundan competentemente a González Alcantud, el lector entra y sale, discurre y se ensimisma -como la Alicia de Lewis Carroll- por escondrijos, ventanucos, laberintos y chimeneas, que en La invención del estilo… residen en las tradiciones artesanales, de jardinería y arquitecturas aljamiadas donde las haya, en la decoración edilicia, y en el mundo -e instrumentalización- de la música. Todo el circuito a que invitan los textos de este libro -hilvanados desde el principio hasta el final por el estilo hispano-magrebí que fue tan caro a la estética del exotismo colonial francés-, está cuajado de saber preciso, rara vez hipertécnico, y sugestivo para quien haya merodeado por paisajes creativos complejos, como es el ámbito ibero-magrebí.

La figura del mariscal Lyautey, gran mecenas del Marruecos colonial; Marià Fortuny, orientalista del lienzo excelso; y no pocos poetas granadinos que nutrieron los cancioneros andalusíes de Fez, son sólo algunos de los muchos autores, obras y empeños sobre los que reposa una tradición inventada que no dejó de reproducirse hasta los años dorados del neomudejarismo hispano.
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