22 de junio de 2021, 15:51:31
Los Lunes de El Imparcial

reseña


Manuel Chaves Nogales: La agonía de Francia


Manuel Chaves Nogales: La agonía de Francia. Prólogo de Xavier Pericay. Libros del Asteroide. Barcelona, 2010. 208 páginas. 14,95 €


La percepción de la guerra desde sus entrañas es un objetivo difícil de encontrar entre los muchos documentos testimoniales y de estudio que sobre el arte militar se han publicado. Reflexionar sobre las verdaderas causas morales de la derrota de un pueblo supone un difícil ejercicio de nobleza ética y perspicacia que muy pocas veces llega a buen puerto. Así es como logra abordar la consecución de la derrota francesa ante el avance nazi durante la Segunda Guerra Mundial uno de los periodistas más brillantes que ha dado España y a la vez uno de sus más olvidados. Manuel Chaves Nogales es el autor de esta Agonía de Francia, conjunto de reflexiones que el periodista recopiló en su periplo del exilio, que comenzó saliendo de España en noviembre de 1936 hacia Francia y culminaría en 1940 en Londres tras haber colaborado con la prensa francesa defensora del liberalismo democrático en diferentes medios de comunicación galos y latinoamericanos. La marcha de Chaves a Inglaterra tuvo lugar unos días antes de que el ejército alemán entrase en París, cuando supo que la Gestapo andaba tras sus pasos. Murió en la capital británica en 1944, a los 47 años, sin conocer la victoria aliada.

Este ensayo, cuyos brevísimos capítulos evocan artículos periodísticos no sólo por su extensión sino por su agudeza puntual en cada uno de ellos, es un modelo de pulcritud profesional y personal, recogiendo el autor los datos y detalles vividos en los momentos del hecho narrado, entregados al lector sin ánimo especulativo ni ideológico, de forma desapasionada –aunque no de forma fría– y desmontando clichés y tópicos sobre los años 40 que narraciones sesgadas y glamurosas han construido en el imaginario colectivo. El retrato de la pobreza espiritual que el mundo occidental vivía en la década de los treinta del siglo XX, la incapacidad de reacción por parte de los –teóricamente– más preparados para la lucha por la libertad como eran los ciudadanos franceses, no por impedimentos ajenos sino por una inmensa desmoralización generalizada del pueblo y por una nefasta dirección de sus líderes de los acontecimientos que debían afrontar, aterra en su lectura no por evocar hechos pasados sino por el inquietante paralelismo con los momentos actuales.

El no tener ahora un enemigo de la evidencia física que el liberalismo democrático occidental comprobó en aquellos años en las máquinas totalitaristas fascista y comunista, no hace más ligera la preocupación. Pero, aunque el camino es muy espinoso, Chaves ve una puerta lejana a la esperanza: “Quedaba únicamente lo que era indestructible, la norma, el espíritu, que si bien no impide a las naciones morir, es lo que las permite resucitar”.

Por Margarita Márquez Padorno
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