23 de septiembre de 2019, 0:41:28
Opinion


Ley de matrimonio igualitario : Nuevo triunfo del kirchnerismo

Enrique Aguilar


Ley de matrimonio igualitario : Nuevo triunfo del kirchnerismo

Más allá de sus consecuencias sociales, la sanción de la ley de matrimonio igualitario (que habilita el casamiento de personas del mismo sexo) constituyó una clara victoria política para el kirchnerismo.

A estas alturas, el escepticismo que a algunos nos invade nos hace vacilar con respecto a las genuinas convicciones de los Kirchner en una materia que no estaba contemplada en la campaña ni en la agenda de los legisladores oficialistas (en rigor se trató originalmente de un proyecto de dos senadoras del socialismo). Es cierto que a poco andar la iniciativa se volvió transversal a los partidos y recibió votos a favor y en contra con independencia de las distintas adscripciones. Sin embargo, frente a la opinión pública los K fueron sin duda los principales vencedores.

Una ley que afecta tan hondamente a creencias y tradiciones arraigadas, y hasta a nuestro Código Civil, quizá hubiera merecido una consulta popular (mecanismo previsto por nuestra Constitución) de manera que la nación soberana, a la que están subordinados los poderes constituidos, se hiciera oír sin intermediarios. En cambio, diputados y senadores se erigieron en intérpretes exclusivos del bien común, lo que en principio no se contradice con un modelo de lisa y llana delegación aun cuando choca de frente con las inclinaciones supuestamente participativas de algunos de esos legisladores.

No pudo ser así y la sanción de la ley ha dado a Néstor y Cristina Kirchner una dosis fundamental de oxígeno que deja sin argumentos a quienes les augurábamos, tras los últimos comicios legislativos, un final de época (y de fiesta). Una oposición fragmentada y la ausencia de nuevos líderes de proyección nacional no hacen sino debilitar todavía más las hipótesis de alternancia.
Es evidente que la suerte los acompaña, echando un manto de olvido o cuando menos de indiferencia sobre su obsceno crecimiento patrimonial, los niveles de corrupción reinantes, las sospechas de negociados con Venezuela y tantos aspectos de una gestión que, en una República bien constituida y con jueces valientes y probos, tendría ya numerosas causas abiertas. Mientras tanto, el desánimo se apodera de otros y les quita el habla.
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