21 de junio de 2021, 12:39:05
Opinión


Los amigos de facebook

Regina Martínez Idarreta


Ya lo he dicho en algún otro artículo. Nos encanta mirar, observar a los demás, cotillear embelesados hasta el más mínimo detalle de sus vidas. Ni siquiera necesitamos que sucedan grandes cosas. Observar la monotonía ajena nos produce un placer inconfesable. Casi tanto como hacer pública la nuestra. Si no, no me explico el afán de las personas por publicar en Facebook y otras redes sociales hasta el más mínimo detalle de sus vidas. Incluso existen aplicaciones que permiten, a través del móvil o la black berry, que tus amigos de Facebook sepan dónde estás en cada momento. Es una especie de GPS personal para que eso de tener intimidad se convierta en una quimera.

Y yo me pregunto, ¿qué gana alguien que actualiza su estado de ánimo y/o planes cada cinco minutos? ¿Qué necesidad tiene una persona de coger la black berry para comunicar a sus colegas virtuales que está entrando en el supermercado o que está comiendo con su amigo de la infancia? ¿Para qué? ¿Por qué alguien busca el consuelo virtual de cuatro comentarios en su muro de facebook, colgando ante los ojos del mundo frases grandilocuentes que dejan entreveer un mal de amores, una decepción horrible o complejos inconfesables?

Entiendo que actuemos como nuestros propios asesores de campaña y utilicemos las redes sociales como plataforma para comunicar al mundo lo mejor de nosotros. Que elijamos las fotos más chulas, las más interesantes, las que muestran nuestros puntos fuertes, para colgarlas como imagen de perfil, aún a riesgo de que nuestros amigos –e incluso nosotros mismos- acaben olvidando cuál es nuestra verdadera cara. Incluso entiendo que las redes sociales son perfectas para comunicar las buenas noticias al mundo. Pero no esa manía por no dejar ningún secreto en al arcón. Como si cada día, a través del muro de nuestro Facebook nos autosomietiéramos a nuestro propio acoso de paparazzi o a una sesión de psicoanálisis virtual. Quizás sea una manera de sentirnos más importantes. Lo más probable es que sea la forma más equivocada de luchar contra la soledad que es intrínseca al ser humano. Sea como sea, ya lo dice el refrán, “eres más falso que un amigo de Facebook”.
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