25 de enero de 2021, 17:19:25
Opinión


Ocio saludable

Benito Peral


Llegó Agosto, el mes en el que se inician las vacaciones para muchos y es oportuno decir algo sobre el ocio. Comencemos por la etimología, éstas con frecuencia revelan cosas interesantes. Ocio deriva de la palabra latina Octium que significa descanso, reposo, calma, tranquilidad. Curiosamente, otra palabra de significación aparentemente muy distinta tiene la misma raíz, negocio, que es pues la negación del ocio.

Curiosamente también en esta sociedad nuestra hay una industria, la del turismo, que hace del ocio un negocio. Paradojas del lenguaje y paradojas de la vida. Como paradoja es el llamado “estrés vacacional”, un término que alude al hecho de que algunos se montan unas vacaciones llenas de trajín, de desplazamientos, de cambios de horarios, de actividades frenéticas en las que hay de todo menos descanso. Y es que hay personas adictas al trabajo y adictas también al estrés, son los que llegan cansados y exhaustos de las vacaciones. El ocio saludable ha de ser un tiempo dedicado a la distracción y al descanso para que al finalizar se pueda retomar la actividad laboral en buenas condiciones. El descanso es necesario porque si el arco está siempre tenso, acabará rompiéndose. Emplear bien el tiempo de ocio es a veces complicado porque el ocio saludable no ha de ser ni pasivo ni estresante.

La ociosidad pasiva, la inactividad, enmohece, resulta ser como la herrumbre que desgasta más que el propio trabajo. El no hacer nada de nada es además tremendamente aburrido, sólo los perezosos por naturaleza son capaces de sacar placer de semejante estado, parecen tener por lema ése dicho de “Pa de pie, sentao y pa sentao, tumbao”. La mayoría sin embargo no tenemos esa prodigiosa capacidad de disfrutar del pecado de la pereza. Por cierto si me permiten un inciso, un amigo muy ingenioso me comentó un día que había llegado a la conclusión que no se pueden practicar los siete pecados capitales a la vez: pereza, soberbia, avaricia, ira, gula, lujuria y envidia. Algunos, decía mi amigo, son incompatibles con otros, y me ponía un brillante ejemplo: si uno practica la gula y la lujuria… ¿a quién demonios le va a tener envidia?

El ocio saludable ha de ser activo, en los ratos de ocio se pueden incluso hacer cosas muy provechosas. A nadie se le escapa que la lectura, una buena lectura, enriquece; que el deporte, con mesura, es una fuente de salud; que viajar es la forma más grata de ganar cultura conociendo otras culturas. Son todas éstas formas inteligentes de ocupar el ocio. Pero también lo son jugar una partida de mus con los amigos después de comer, dar un paseo por la mañana temprano cuando el día es aún tan nuevo o contemplar una puesta de sol, ese espectáculo diario totalmente gratuito. Y mil cosas más.

Si uno dispone de un tiempo relativamente grande, bastan diez o quince días, conviene además que se diversifique la actividad. Las vacaciones, en contra de lo que se suele decir, pueden hacerse largas, muy largas afortunadamente, si salimos de lo cotidiano y disfrutamos de un ocio activo y diverso. Esto es posible porque como decía Bergson hay un tiempo objetivo, homogéneo y uniforme que es el que marca el reloj y que el filósofo francés llamaba “falso”; y otro tiempo subjetivo y no uniforme, que es el tiempo vivenciado, la vivencia que cada uno sentimos del transcurso del tiempo, el tiempo “verdadero” para Bergson. En efecto, esa vivencia del transcurrir del tiempo no es en absoluto uniforme como sí lo es una hora del reloj. Todos podemos comprobar cómo hay horas que vuelan y otras que se hacen interminables. Todos podemos comprobar también cómo a medida que nos hacemos mayores el transcurrir del tiempo se acelera y por eso decía Jorge Guillén: Y se me escapa la vida / ganando velocidad / como piedra en su caída. Es por lo mismo que podemos decir qué corta es una vida y qué larga una noche de insomnio.

Pues bien, cuando estamos inmersos en la cotidianidad de nuestros trabajos, haciendo cada día las mismas actividades, las semanas pasan tan rápidamente que da vértigo. Pero al llegar las vacaciones podemos experimentar la desaceleración del tiempo vivenciado si hacemos cosas distintas y planeamos actividades diversas. Así que ya sabes, si quieres unas vacaciones largas y saludables es fácil de conseguir y sólo depende de ti, esta puede ser la receta: No te dediques a no hacer nada, ten un ocio activo; no hagas todos los días las mismas cosas, no salgas de una rutina para caer en otra, diversifica tu actividad. Pero por encima de todo, descansa y disfruta.
Felices vacaciones.
El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2021   |  www.elimparcial.es