23 de enero de 2020, 7:41:29
Los Lunes de El Imparcial

reseña


Pío Baroja: Vitrina pintoresca. La España de la Segunda República


Pío Baroja: Vitrina pintoresca. La España de la Segunda República. Edición de Jesús Alfonso Blázquez González. Ediciones 98. Madrid, 2010. 352 páginas. 19,95 €


Pío Baroja inició su carrera escritora, ya en su época de estudiante, en los dominios del periodismo. Abandonaría luego esta senda para dedicarse a la novela, pero volvió a retomarla en algunas ocasiones. Entre 1930 y 1936, se produce una de sus actividades periodísticas más nutridas e interesantes en las páginas de Ahora, el periódico de mayor difusión, junto con El Liberal, en aquella década, caracterizado por ser un órgano moderno de masas y de tendencia política moderada; etapa prolífica que le dio pie a efectuar dos recopilaciones en libro de aquellos artículos escritos para el diario madrileño: Siluetas románticas (1934) y Vitrina pintoresca (1935), donde incluiría un total de cuarenta textos y que, setenta y cinco años después de su aparición, acaba de ser nuevamente reeditado por Ediciones 98 con el subtítulo añadido de “La España de la Segunda República”.

Escritos en la plenitud de la vida, a través de estos artículos descubrimos preocupaciones fundamentales en la obra barojiana: “Se me figura que tienen cierta unidad –afirma en el prólogo– en la manera de ver, de tratar los asuntos; en el tono, más que en otra cosa”. En cada tema se proyecta la subjetividad del escritor: frecuentemente incluye reflexiones éticas y divagaciones personales, a veces originales, que tienden con más facilidad al género del ensayo literario, así como históricas, políticas o de teoría literaria. Liberal radical, don Pío no se mostró conforme con ninguno de los gobiernos bajo los que le tocó vivir, y ni siquiera la República logró vencer su escepticismo. Su irreductible individualismo le llevaría a desconfiar del nuevo régimen desde un principio y a propugnar un anarquismo individualista, manifestando además gran hostilidad hacia los socialistas.

El siglo XIX, de cuya historia era apasionado conocedor, estará presente mediante la descripción de personajes y hechos históricos relevantes; y en “Una familia ejemplar” condensa su clara aversión y antipatía por la familia real de los Borbones. A propósito de Casas Viejas, Baroja ensalza la actitud del anarquista generoso capaz de luchar, sin esperanza de salvación, por un ideal (“La literatura culpable”) aunque señala, en cambio, la utopía del anarquismo como sistema político (“Arbitrariedad y estilización”). Las opiniones expresadas ocasionalmente acerca de las actuaciones de gobernantes y diputados, de la Rusia soviética o Mussolini son, ciertamente, peyorativas. Suele decirse, no sin razón, que el talante de nuestro autor se define por sus fobias, lo que se evidencia en varias siluetas sobre tipos sociales (masones, gitanos, jesuitas, judíos), si bien se recrea igualmente en determinados personajes populares por los que siempre tuvo debilidad: “Los charlatanes ambulantes”, “Los mendigos”, “Los vagabundos”…

Otros artículos incluidos en el libro abordan temas y tipos literarios, psicología patológica y psiquiatría, costumbres sociales, creencias y supersticiones, pueblos y paisajes de España, regionalismos (“La hispanofobia”), comportamientos humanos, opiniones –hoy polémicas– sobre la mujer… En definitiva, nos hallamos ante un conjunto testimonio vivo de su tiempo y, a la vez, muy representativo del espíritu barojiano, de su amplísima erudición y –también– su lirismo; y donde emana su ideología individualista y crítica, su insobornable independencia de juicio. Pintoresca vitrina al fin que refleja, desde su sensibilidad, la época republicana pero que abarca evocaciones y recuerdos de toda su vida. Y es que “...yo soy de los que aceptan todo, con tal de que sea ameno, divertido o interesante por cualquier concepto”.

Por José Miguel G. Soriano
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