5 de diciembre de 2020, 0:34:07
Opinión


La reforma de la justicia: la mejor reforma económica

José Eugenio Soriano García


No voy a hablar de los Jueces, y ganas no me faltan ya que es un asunto que planea cotidianamente sobre todos los ciudadanos. Voy a hablar, más fácilmente, de la Justicia, tema menos arduo ya que la figura del Juez, obliga a personalizaciones, definición de rasgos, en fin, temas más arriesgados y que pueden dar con los huesos de uno no se sabe dónde.

Lo que sí diré es que incluso los buenos Jueces, que los hay (esto es que son verdaderamente imparciales y se atreven a ejecutar sus Sentencias y a dictar medidas cautelares mientras tanto, no dejando que el asunto se pudra y luego no se pueda nunca recomponer) tampoco tienen medios para hacer efectiva la más alta función que puede imaginar cualquier persona humana. Porque Juzgar a los demás, y ejecutar luego lo juzgado, supone la última palabra posible sobre cualquier asunto, tema que, si repasamos la Biblia, solo corresponde a Dios.

Ningún político ha querido enfrentarse seriamente con el “arreglo de la Justicia”. Y no han deseado hacerlo, porque la Justicia produce réditos a largo plazo, no es como inaugurar una carretera o un teatro. Y, además, una Justicia que realmente funcione, puede llegar a ocasionar dolores de cabeza a la clase política. No podrían confiar en que con los años que tarde un asunto, será otro el que tenga que sufrir las consecuencias de su acción.

Pero si la Justicia funcionase, el panorama de nuestro país daría un vuelco. La confianza y seguridad de las personas, de las empresas, sobre sus posiciones, sus actuaciones, sería completamente distinta. Un contrato estaría para cumplirlo y si no, resuelto con sus consecuencias. No hace mucho, un abogado canadiense me dijo que en 9 días se culminaba un lanzamiento del inquilino incumplidor, demanda y juicio comprendido en ese tiempo. Eso por tanto es posible, no es algo inimaginable, no son cosas del otro mundo.

La Justicia además con medios informatizados, sería infinitamente más ágil ¿se imaginan ustedes que con el DNI digital el Letrado pudiera presentar la demanda directamente en el sitio electrónico correspondiente al Juzgado de turno? Cierto que así no habría forma de escamotear el momento de la presentación, habría un archivo digital y la contraparte, pongamos un letrado de la Administración, tendría solamente 20 días para contestarla y no como ahora que un privilegio oculto de las Administraciones es contestar… cuando le dan traslado desde el Juzgado, el cual, a su vez, le da traslado cuando el representante de la Administración quiere. O dicho de otro modo: con medios telemáticos, el Abogado puede controlar mucho más directamente el funcionamiento del Juez. O, por qué no imaginar que los Juzgados funcionan entre sí conectados telemáticamente y no a través de procelosos papeleos, con barreras autonómicas de toda clase incluso cuando existe interconexión informática, porque cada Autonomía por la dejación del Ministerio de Justicia, ha decidido tener su programa. O que la jurisprudencia (toda la jurisprudencia) no está fácilmente disponible, pongamos, en la página del Consejo General del Poder Judicial (y no como ahora, fragmentada, dispersa, difícil de encontrar, solamente hasta un determinado año…).

¿Y qué decir de la transparencia en las actuaciones judiciales? ¿Porqué las cámaras de grabación no enfocan, también, al Juez en los pleitos? La respuesta, sencilla, es porque así estarían controlados y no como ahora en que puede que ni sepas que el Juez que te está escuchando no es el Juez de la causa sino un sustituto enviado a última hora porque SSª decide irse a un cursillo en vez de enfrentarse con un caso realmente complicado y difícil.

¿Se imaginan la oralidad en vez de tanto papelito? Oralidad sabiamente combinada con la escritura, sabiendo lo que tiene que resumir el Letrado con reglas claras y precisas. Y a cambio, que los Jueces, también, tuvieran que dictar sus Sentencias a tiempo y no como ahora que no se sabe cuándo llegará la resolución.

Y qué decir de las costas, misterio completamente insoluble. Las costas, en el caso del proceso civil, suelen ser anormalmente altas, dado que se siguen aplicando los baremos de honorarios de los Colegios de Abogados. Expresamente, la Directiva Bolkestein los quiso cuestionar y expresamente las leyes de transposición y previamente la discusión en el Parlamento Europeo, han permitido que continúen.

Y en el contencioso – administrativo, las costas constituyen un “mysterium”. Ni se sabe ni se puede saber lo que acontecerá. Unas veces son enormes, otras ridículas, siempre favorecedoras de la Administración que utiliza las costas como inmensa arma disuasoria para evitar apelaciones de los particulares.

Va siendo hora de que desde la sociedad civil, alguien se ocupe en seguir a la Justicia, examinando sus aciertos y fallos con métodos estadísticos, análisis económico del Derecho, con seguimiento incluso personal de la posición de cada Juez objetivamente determinado mediante técnicas sociológicas y jurídicas.

Y desde luego, invertir en Justicia (que no es, para nada, aumentar el sueldo de los Jueces, que comparado con el de los Catedráticos es de ricachones). No. Se trata de aumentar también en mejora de muchos edificios de pequeños juzgados, más allá de algunas obras faraónicas, interesantes desde luego, pero no solucionadoras del problema. Y también de saber hacer campaña seria en las Facultades de Derecho para que los alumnos se sientan seducidos por la más alta función que en Derecho nadie puede desempeñar.

Si tuviéramos buena Justicia, los buenos Jueces, que los hay, destacarían. Y con nombre propio (no con nombre de estrellas sino como Jueces). Y toda la sociedad tendría el mejor espejo en que mirarse, lo cual también es otra manera de hacer… economía.

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