24 de noviembre de 2020, 1:53:08
Opinión


El cambio de postura de Brasil



El presidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva varias veces se ha reunido con el presidente iraní Ahmadineyad para negociar tratados energéticos, y junto con Turquía ha intentado colaborar para buscar soluciones al conflicto que ha generado el programa nuclear de Irán. Lula ha criticado también la ineficacia de las sanciones impuestas por Naciones Unidas y ha hecho esfuerzos para que éstas no se endurecieran.

Sin embargo el martes pasado el presidente brasileño, cuyo país es actualmente miembro temporal del Consejo de Seguridad de la ONU, ha ratificado las nuevas sanciones a Irán. El ministro de Asuntos Exteriores de Brasil, Celso Amorin, ha manifestado que, aún estando en desacuerdo con las nuevas medidas, su país acatará las decisiones de Naciones Unidas, mostrando de esta manera que cumple con sus obligaciones con apego al Derecho Internacional.

La postura adoptada por Brasil en esta ocasión, pudiera ser vista como una muestra de que el país latinoamericano no quiere ser incluido en la lista de gobiernos intransigentes y autocráticos, como el de su vecino Venezuela o el de Irán. El liderazgo en la región y su credibilidad podrían afectarse si el gobierno brasileño continuaba apoyando a Ahmadineyad de manera incondicional, a pesar de los ejemplos evidentes de ilegalidad y de las constantes amenazas a la seguridad mundial del país asiático. Ir en contra de la comunidad internacional y apoyar a gobiernos totalitarios significa la marginación. El paso dado por Lula es el correcto y tiene una trascendencia evidente en la región: puede ser la señal de que Brasil se desmarca con claridad de las políticas aventureras del eje chavista.
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