14 de diciembre de 2019, 7:32:11
Opinion


Oscar Cornblit. In memoriam

Enrique Aguilar


El pasado sábado 7 de agosto falleció en la ciudad de Buenos Aires el sociólogo argentino Oscar Cornblit. Tenía 83 años, edad avanzada que, si bien se reflejaba en su semblante, no afectaba en lo más mínimo su ánimo voluntarioso ni su jovialidad de espíritu.

Lo traté pocas veces pero leí parte de su obra y lo escuché disertar en varias ocasiones. Ni como profesor ni como investigador mostró nunca un signo de engreimiento ni impuso frente a los demás esa distancia marcada mediante la cual algunos intelectuales parecen alimentar su ego.

Todo lo contrario. Cornblit era afable, llano, dialogante, y gustaba de compartir sus conocimientos, que eran sobrados y de variada extracción. Su formación inicial había sido en ciencias físico-matemáticas, pero luego abrazó los estudios sociológicos, los históricos y los políticos. Política y sindicatos, Libertad y mercado, Power and Violence in the Colonial City y, más recientemente, Violencia social, genocidio y terrorismo fueron algunos de los títulos que nos dejó.

Tuvo por otro lado un relevante desempeño en centros académicos del país, como el Instituto Torcuato Di Tella y el Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES), y del exterior, como el St. Antony´s Collage de Oxford. Fue asimismo becario Guggenheim y del Social Research Council, y merecedor en 1996 del importante premio Konex. Nadie desconocía, en otro orden, su pasión por la música, la ópera en particular, género acerca del cual destacaba su erudición.

Al enterarme de su muerte releí uno de sus escritos que tenía a mano, titulado “Debates clásicos y actuales sobre la historia”, que preside la compilación sobre Debates del conocimiento histórico la cual incluye también, de su autoría, otro trabajo sobre “Acontecimientos y leyes en la explicación histórica”. Dos textos de enorme interés que revelan quizá lo mejor de Cornblit en tanto estudioso: su formación interdisciplinaria y su capacidad para volcarla en una prosa clara pero no por ello menos rigurosa.
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