24 de octubre de 2021, 23:33:34
Opinión


Italia, ¿elecciones anticipadas?

Andrea Donofrio


Mientras en las portadas de la prensa internacional ya se habla de “El ocaso del berlusconismo”, “the end of the Godfather”, “los últimos días de Berlusconi”, la situación en Italia se precipita. Mientras el desorden se apropia de la vida político-social de Italia, Berlusconi y su poderío mediático entran en crisis. Corrupción, abusos de poder, ineficacia gubernamental parecen desgastar el Gobierno que contaba con la mayoría más cómoda de la historia republicana: el populismo berlusconiano ha mostrado sus límites y a la hora de hacer política de verdad o de responsabilizarse para el bien del país, las cosas se han complicado. La creación del nuevo grupo parlamentario de Fini atestigua que Berlusconi ya no cuenta con la necesaria mayoría. Antes de la trilogía cultural nos preguntábamos “Después de Berlusconi, ¿qué?”. Bien, algunos analistas hablan de “pantano parlamentario”, otros de “gran vacío”, otros de elecciones como “única solución”: pese a que se respira una atmósfera de finales de reino, el futuro no parece tan claro. De momento, se asiste a cambios de bando, transformismos (transfuguismos), cortejos nocturnos y ataques diurnos, declaraciones conciliadoras y acusaciones secretas.

La rebeldía de Fini que, en recuerdo de las enseñazas de Berlinguer planeta una “cuestión moral”, restaría los necesarios votos para gobernar a Berlusconi: pero, ¿de verdad el primer ministro italiano tiene interés en agotar esta legislatura? (expiraría en 2013). Puede que sí. El Cavaliere sabe que, pese a todo y frente a la evanescencia de sus adversarios, su entramado de poder sigue en vigor y las elecciones anticipadas podrían ser una panacea, un modo para desactivar el peligro de pérdida de poder. Además, a Berlusconi se le dan muy bien las campañas electorales, anima el pueblo con sus chistes malos y le engatusa presentándole una realidad distorsionada.

Pero, ¿por qué la rebelión de Fini? Como he leído hace unos días: “los hechos son los hechos, incluso en Italia”, así que era inevitable el “levantamiento” de Fini en contra de la visión autocrática y personalista del poder de Berlusconi. Aguantando ataques y tragando leyes ad personam, el líder del partido pos-fascista italiano ha, pacientemente, esperado el momento oportuno para enfrentarse al padre-patrón. La situación oportuna para la declaración de independencia política consistía en un “juego de fuerzas” inversamente proporcional: frente a la creciente debilidad de Berlusconi, Fini aumentaba su fuerza política, presentándose como alternativa viable al “mafioso de Arcore” o al “Craxi con peluca” (o peluquín mejor dicho) tal y como le llamaba Umberto Bossi, antes de estar en su nomina y enseñar el dedo corazón en todas ocasiones.

Y frente a una mayoría parlamentaria dividida y fratricida, ¿dónde está la izquierda? Desaparecida, fragmentada e inofensiva. En lugar de exigir urgentemente nuevas elecciones, la oposición paradójicamente aboga por la formación de un gobierno de “amplios consensos”, procurando disimular su fragilidad manifiesta. Sí, el partido democrático bien sabe que las elecciones podrían representar un nuevo peligro. Sin embargo, es evidente que esta decisión no consigue calentar los ánimos de los votantes de izquierda, desesperados por la gestión berlusconiana y desanimados por la falta de alternativa. En dos años, el Partido Democrático ha sido incapaz de postularse como alternativa creíble, ni parece preparado por una nueva competición electoral que, a contrario, le genera nuevos temores. Sin embargo, pese a sus divergencias, luchas intestinas de poder y a sus vicios endógenos, el gobernador de Apulia, Nichi Vendola se postula como nueva esperanza de la izquierda: pero, este personaje tan controvertido (homosexual, católico, comunista), ¿será capaz de aglutinar las tan heterogéneas y complejas fuerzas de izquierda?

Las elecciones anticipadas parecen la opción más plausible, Berlusconi desafiará nuevamente a los “finianos” presentando, en el Parlamento, un nuevo documento programático (reforma de la justicia y federalismo). La jugada podría salirle “redonda” ya que cualquier decisión podría ser útil: en caso de rechazo endosaría la “culpa” del adelanto electoral a los disidentes finianos. Mientras que una aprobación significaría la vuelta a ser sus cautivos y sumisos.

Finalmente, Italia vive “el peor periodo de toda su historia…un nivel de degradación sin precedentes” (Sartori dixit). La situación aparece tan crítica como conocida: un gobierno incapaz de gobernar y que usa los decretos leyes para ratificar, de forma poco democrática, su voluntad y preservar sus intereses; un país que necesita, de forma urgente, reformas institucionales y estructurales; una clase política desacreditada, moralmente discutible, cotidianamente involucrada en nuevos escándalos de corrupción y fraudes; una economía al borde de la quiebra, con bajo crecimiento económico y un déficit alarmante; una opinión pública desencantada y desengañada; una población que vive con incertidumbre (y hastío) la actual degeneración nacional. Mientras tanto, como ya afirmábamos, el espectro de las elecciones anticipadas se aviva: como lamentó Dante en el Canto VI del Purgatorio: “Ay sierva Italia, del dolor albergue, nave sin timonel en gran borrasca, no dueña de provincias, sino burdel”. Después de tantos siglos, seguimos sin un timonel responsable y pareciéndonos, cada vez más, a un enorme y caótico burdel.
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