18 de junio de 2019, 7:02:01
Opinion


Marruecos se crece ante la pasividad de Zapatero



Los carteles en los que aparecen agentes de la Guardia Civil y la Policía Nacional destinadas en la frontera marroquí y en los que se vierten intolerables descalificaciones contra ellas no han debido parecerle al Gobierno un asunto que requiera especial interés. De hecho, hasta ayer mismo la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, no los condenó. Tampoco el titular de Interior -y responsable, por tanto, de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado destacadas en Ceuta y Melilla-, Alfredo Pérez Rubalcaba, le ha dado apenas importancia, obviando el tema casi por completo y circunscribiéndose a la reunión que mantendrá con su homólogo marroquí. Y de Exteriores, hasta la fecha, nada se sabe. Aunque, a la vista de la trayectoria de Miguel Angel Moratinos, tampoco hay mucho que esperar.

Todo lo cual no hace sino retratar la deplorable gestión que el Ejecutivo español lleva a cabo en el asunto de las relaciones España-Marruecos, por lo demás de vital importancia para ambos países. El reino alauí nunca ha sido un vecino que facilite la convivencia. Antes al contrario, ya desde los tiempos de la Marcha Verde, Rabat ha tensado las relaciones con Madrid siempre que ha tenido ocasión para ello. El último incidente grave tuvo lugar en 2002, cuando soldados marroquíes invadieron el islote de Perejil. Sobre el papel, apenas un roquedal deshabitado y sin apenas importancia, pero sumamente simbólico por lo que el hecho en sí suponía. El entonces Gobierno de José María Aznar resolvió la crisis de una manera impecable, recuperando el islote sin disparar un solo tiro pero asegurando la zona con tropas españolas y enviando una señal clara que el Estrecho era una línea roja infranqueable. Una respuesta firme y proporcionada, criticada y ridiculizada aún hoy por los socialistas. Habría que preguntarle al señor Moratinos qué habría hecho él en su lugar –si es que realmente habría hecho algo-. Desde entonces, el Ejecutivo que preside José Luis Rodríguez Zapatero ha vendido una mejora de las relaciones con Marruecos tan ficticia como perjudicial para los intereses españoles.

Porque sí: es, más que bueno, fundamental que Rabat y Madrid se entiendan, pero no a cualquier precio. Y, desde luego, el atropello que supone vejar a policías y guardias civiles por el mero hecho de ser mujeres es algo que el Gobierno no puede ni debe tolerar. Además, la aparición de los carteles ofensivos y el bloqueo de las fronteras auspiciado por el régimen de Mohamed VI -nada en Marruecos se mueve sin permiso del Rey- ha llamado la atención sobre la situación de indefensión en que se hallan Policía y Guardia Civil en la zona fronteriza. Las agresiones y menosprecios están a la orden del día, sin que ni Exteriores ni Interior hayan hecho nada hasta la fecha por impedirlo. Marruecos lo sabe y se crece cada día, sabedor de la debilidad del Gobierno español en éste y otros casos. Y ya va siendo hora de que alguien reconduzca la situación.
El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2019   |  www.elimparcial.es