29 de enero de 2020, 11:09:12
Opinion


Universidad española y Bolonia

José Eugenio Soriano García


Cualquiera que tenga experiencia en aplicar las exigencias nuevas que impone el Espacio Europeo de Educación Superior, conocido como Bolonia, sabe bien de las exigencias que comporta. Y que no son nada fáciles de aplicar sin medios ni recursos. Así, les contaré, que a lo largo del pasado curso – a falta de septiembre- seguí como primera ocasión las instrucciones para aplicar lo que se nos exige a partir de ahora, y que les voy a relatar, para que vean como es un sistema completamente abocado al fracaso por falta de medios y que, una vez más, adelanto ya, supone que los políticos de nuestro país, hacen gala de una ignorancia incompatible con el interés general, al exigir lo que ellos mismos no están dispuestos a financiar y a organizar. Vamos a ver como los políticos de nuestro país, incluidos los Rectores, se dedican a hacer sobre el papel y con desconocimiento de la realidad, teorías utópicas que luego pagan los ciudadanos con su frustración, y que supone el colapso de lo poquito que queda en la Universidad española.

A lo largo del curso, me encontré con un grupo de clase con 70 alumnos. Siguiendo una organización que había tenido ocasión de experimentar en Fordham y en otras Universidades norteamericanas, cuyo modelo último es Harvard, asigné a los alumnos por orden alfabético y con un programa Excel, controlaba diariamente su asistencia. Ello sorprendió algo a los mandamases académicos, pero afortunadamente se callaron (si no habría habido pleito al canto ya que no estoy dispuesto a que se viole la libertad de cátedra, máxime cuando se juega con dinero público). Los alumnos, colaboraron una vez que se les explicó claramente que el sistema nuevo exigía el control diario y semanal.

Todas las semanas se colocaban en el campus virtual las lecciones, con indicación bibliográfica. Los alumnos, así, tenían que estar atentos a dicho campus, un espacio virtual en la red que funciona como una intranet con un grupo cerrado de usuarios. De esta manera al llegar a clase se pedían voluntarios que quisieran exponer la lección con los materiales y ello, naturalmente, puntuaba y se colocaban públicamente esas notas sobre las intervenciones en clase en la misma hoja Excel. Y aquí la cosa funcionaba peor, ya que había alumnos que siempre participaban y otros que siempre callaban.

Luego, semanalmente, se les enviaba un trabajo Unas veces, examinar y escribir una redacción de diez páginas sobre un ensayo capital del Derecho Público, como El espíritu de las Leyes de Monstesquieu, o también de una novela que viniera al caso, como Miau de Pérez Galdós para introducción de la función pública o temas de actualidad, como la aplicación en Derecho del caso Alakrana o las Sentencias del caso Brown o su comparación con Dred Scott en EE.UU para mostrar la importancia de la elección de un Presidente negro en aquél gran país.

Esta última labor es muy exigente. Demanda una fuerte dedicación de profesor alumno, que solamente con dosis enorme de esfuerzo, sacrificio y trabajo se puede realizar. Así, corregir semanalmente 70 x 10 páginas repetidas, no está al alcance de nadie en su sano juicio. Invito cordialmente a quien quiera a comprobar en mi campus virtual el número de correos electrónicos de los alumnos, enviándome los y los míos devolviéndolos corregidos. Suman más de 1800 (mil ochocientos) en este curso, tarea que me he prometido a mí mismo que no volveré a hacer nunca más.

En esto existe una gran diferencia entre la Universidad española, y la inglesa, la alemana o la norteamericana. En Alemania, el catedrático da la clase magistral y luego corrige solamente aquellos trabajos que son dudosos (aprobado o suspenso) mientras que sus ayudantes corrigen el resto. En Reino Unido, el de alumnos es pequeño por profesor y en Harvard, en estos momentos su Facultad de Derecho tiene solamente 17 catedráticos (cum tenure) y el resto del profesorado, por cierto con gran movilidad y al que se puede despedir, con diferenciación entre sus distintos grados, cumple tareas de apoyo al igual que en Alemania.

Aquí no. En la Universidad española reina el principio de igualdad, no el de excelencia. Aquí da igual ser un catedrático con seis sexenios de investigación que un recién contratado como colaborador a tiempo parcial. No hay diferencia ninguna. Es decir, aquí en la Universidad española, no existe posibilidad alguna de crear equipos ni de generar liderazgo: todos igualitos. El recién llegado, en el caso de Derecho a lo mejor un Abogado que tras treinta años no tiene clientela y se busca un sueldo complementario, dice que él responde ya ante Dios y la Historia y que no se tiene que integrar en equipo alguno y que hará lo que mejor le plazca, lo cual, es aplaudido por los Rectores, que apoyan siempre a quien pone en cuestión las tradiciones y el alma mater, dado que están únicamente a los votos y exigir una integración y aceptación de un liderazgo, implica lealtades que no son solamente a quien le contrata, sino a lo mejor, a quien mejor hace las cosas académicamente, lo cual no tiene nada que ver con la política rectoral, atenta solo a su propia supervivencia.

Por eso, al entenderse aquí por los Rectores – elegidos claro está por sus bases, numerosas entre el profesorado en formación y poco nutridas por los catedráticos al ser menos – que es el principio de igualdad el que organiza la Universidad, el resultado es la pura mediocridad. Da risa cuando luego, algunos Rectores, contradictoriamente, hablan de “Campus de Excelencia”, si precisamente no creen en ella. Aquí, ya lo indicó Ortega y Gasset pensando en la Universidad, lamentablemente se considera elitista – y en nuestro país eso es rechazable por los actores políticos – la excelencia. Y eso tiene consecuencias: ninguna Universidad española figura entre las 150 primeras del mundo. Ni un solo Premio Nobel en toda la Universidad española. Esa es la realidad. Lo demás son cuentos para entretener, como si con Anecas y otros inventos caracterizados por su burocracia, generalismo (falta de especialización), oscurantismo, arbitrariedad y politización, y gubenarmentalismo, vinieran a resolver los problemas. Mientras tanto, los alumnos no encuentran en las bibliotecas los trabajos que se les envían y para seguir el curso tienen que adquirirlos; no se facilitan los materiales, y el catedrático por su parte corrige todo con más de 700 páginas semanales 10 repetidas de 10, además de enviar los materiales, preparar las clases con sus presentaciones informáticas, sin ayuda siquiera de un informático…

Bolonia sin equipos, es un puro fiasco. Y los equipos se construyen con liderazgo, reconocimiento de las “res gestae” realizadas, organización… en fin, lo contrario de la Universidad española.

No deja de ser paradójico que la propia Universidad de Bolonia, la más señera del mundo (más de 900 años) haya tomado la decisión… ¡de no aplicar Bolonia!

Nuestra Universidad ya es muy mala y moribundamente cada día es peor, cada día empeora. Prima la igualdad: todos somos iguales. Y por tanto el más puro individualismo, teniendo como en el suplicio, que iniciar todos los días la tarea completa, sin partir de unidades y equipos más estables, que proporcionen al alumno una enseñanza personalizada y con atención singular a su diversa situación, incluso a sus problemas (que muchos los tienen).

En fin, como dije, no se puede legislar de espaldas a la realidad. Este año, como premio, me han dicho que me darán dos grupos, con un total previsible de 150 alumnos. ¿De verdad cree el Rector que se pueden corregir 1500 páginas repetidas todas las semanas, amén de hacer intervenir sobre los materiales enviados – se supone que personalmente- a 150 alumnos? ¿Y juzgarles personalmente, ofrecerles explicaciones y atender a sus peticiones académicas.? Aquí alguien ha perdido el Oremus. Por eso, en Alemania o Reino Unido no se aplica Bolonia, porque saben que no pueden compartir su título con los pigs. Y esto es lo que hay
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